Que lo tienes, no lo dudes. Tan imperceptible tal vez como el aire que respiras, pero tan cierto. Esta entrada no es más que continuar la reflexión de la entrada previa (justo bajo esta). Que parece que si escribo mucho como que todo se entiende menos, o parece menos del gusto del lector. Pero si justo antes quería inculcarte tu responsabilidad con la vida y contigo mismo de participar, apostar, y “pringarte” con aquello que te rodea para encontrarte a ti mismo, encontrar sentido a lo que haces, y últimamente encontrar tu felicidad (y me quedo a gusto echándote la bronca si no lo haces y “pasas”); en esta continuación quiero inculcarte la confianza de que “tú puedes”. Estás diseñado, construido, creado, equipado para ello. Tú tienes talento. Tú tienes capacidades. No lo dudes.

Puede que no esté a la vista. Puede que lo mejor de nosotros mismos no se encuentre sin tiempo y esfuerzo. Puede que haya que pasar por momentos de fragilidad y confusión. Pero el que busca, encuentra; el que persigue, logra. Mira un bebé. No tiene ni idea de lo que se le avecina. Puede que en cuanto se quede a solas se confunda y llore. Pero todo en él está diseñado para que siga avanzando, moviéndose, creciendo. El tiempo igual aumenta su comprehension linguística como su capacidad pulmonar. El no lo sabe, nosotros sí. En lo espiritual, en lo intangible, muchas veces somos como bebes, nosotros no sabemos de nuestros talentos, tal vez otro ser sí. Pero estar, están; crecer, crecen. No lo dudes.

Aquí en Australia, desde donde te escribo, hay ciertas tribus que le dan mucha importancia al nombre de un individuo. El nombre de una persona se convierte en algo tan único que cuando el individuo muere, su nombre no puede volver a ser usado durante generaciones. Ni siquiera mencionado; como una manera de respetar la esencia de esa persona. Y es que ese nombre representa el talento único del fallecido. El nombre que esa persona escogió en vida.

Cuando un niño aborigen de estas tribus nace se le da un nombre, no recuerdo ahora exactamente quien es el encargado de ello, un miembro familiar en particular creo. Tampoco recuerdo bien cómo continua exactamente el proceso. Me parece que durante los años de la adolescencia tiene otro nombre dado por la comunidad. Finalmente, en algún momento de la madurez, el individuo escoge su propio nombre, el definitivo y auténtico. Ese nombre está cargado del significado que representa su talento. (“el que sabe donde hay agua”, “el que cura con las manos”, “el que camina sin cansarse”, etc…)

Todos tenemos talentos, todos valemos para algo. El reconocer el mejor de nuestros talentos (o simplemente uno de ellos) como nuestro propio nombre no es sólo una seña de identidad, es tambien un compromiso con nosotros mismos, un destino en el que apostamos para guiarnos y para que sirva de guía al resto de la comunidad. Tal como escoger hacer una carrera o aprender un oficio y decidir a qué nos vamos a dedicar. Sólo que tratándose de nuestro talento y nuestra vida, yo prefiero lo del nombre antes que lo del título universitario o el certificado. Reconoce la implicación y conexión con uno mismo más que la dependencia de las leyes del mercado. Quizás estas leyes es lo que te nubla la vision de tu talento. Pero en cualquier caso, no lo dudes, tu talento existe, tu nombre te está esperando, sólo tienes que buscarlo primero y escogerlo despues.