Me parece a mi que las personas que manejan su vida de una manera más efectiva toman las decisisiones no muy trascendentes rápido y las trascendentes sin apresusarse. Mi mujer, Linda, parece ser una de estas personas. Si en mitad de su rutina de trabajo surge una tarea inesperada: una llamada por hacer, atender una visita inesperada, un favor que le pide el pesado de su marido… deja lo que está haciendo e inmediatamente hace la tarea. Diez minutos o media hora más tarde vuelve al punto donde paró y parece como que esa tarea nunca hubiese existido.

Me parece una cualidad fascinante. La de supeditar el plan que tengamos para el día por el plan que la vida nos va marcando. ¡Qué fácil es que una tarea así nos surga en cualquier momento y precisamente, por no tener mucha importancia, dejarla para más tarde! Y más tarde dejarla para un poco más tarde. Y luego seguir dejándola simplemente porque ahora ya comienza a no apetecernos hacerla. Y despues seguir sin hacerla porque ya nos molesta hacerla. Y nos molesta porque sabemos que es algo que no nos hubiese importado hacer inmediatamente pero no lo hicimos en su momento y ahora como que ya tenemos que hacerlo forzosamente… Al final, el tiempo que esa pequeña tarea permanece en nuestra mente es infinitamente mayor al que desearíamos. La conclusión parece obvia: atacar las tareas menores de inmediato, no dejar que una pequeña bola de nieve se convierta en un alud ¿Cómo era ese proverbio budista? Algo como que “no es la visión de la montaña que has de subir lo que te desgasta, te desgasta la piedra que llevas en el zapato”.

Igualmente de mi mujer he aprendido que una decisión no ha de tomarse necesariamente… hasta que ha de tomarse. Hablo ahora de decisiones más trascendentes: aceptar un trabajo, hacer un viaje, responder a una invitación… A diferencia de las decisiones “menores” que no suelen llevar “fecha de caducidad”, las “mayores” suelen tener una fecha en la que hemos de decidir o responder. En este caso solemos complicarnos la vida por lo contrario, no dejar que el tiempo y la reflexión serena vaya tomando esa decisión por nosotros sino empeñarnos en tomar la decisión ya mismo, lo antes posible (y otro día escribiré sobre el estrés). Muchas veces estas decisiones no requieren mas que un “sí” o un “no” por nuestra parte, y nadie espera esa respuesta antes de cuando es requerida. ¿Por qué machacarnos hoy con lo que no requiere contestación hasta mañana? Si además, con la vida ya se sabe, llega mañana y algo cambió que de pronto nuestra decisión ya no importa. ¡La cara que se nos queda y lo rápido que olvidamos lo que deberíamos de aprender en momentos así! Al día siguiente ya estamos muertos de preocupación por algo que no deberíamos (y en el proceso, postergando las pequeñas tareas que deberíamos estar haciendo).