Búsqueda personalizada

Calor para Merce

Ene 12
Publicado por santi Archivado en fotos

¿Frio, quién dijo frio? Pues sí paisanos, Merce me cuenta que recogió un pájaro muriéndose de frio y me pide que os envíe un poco de calor desde la antípoda. Sin ánimo de amargaros el día (sólo con la intención de que reflexionemos hacia dónde estamos empujando nuestro planeta) os envio estas cuatro fotos. Mientras que en Inglaterra tiene el invierno más duro de los últimos 30 años y vosotros ya veis la que os está cayendo, por aquí, en Australia, se confirma que esta década que acabamos de dejar ha sido la más calurosa en la historia de este continente. Vamos, que yo vivo en calzoncillos.

La peculiaridad de las fotos de abajo es que el koala es especialmente un animal que se cuida mucho de no socializar con los humanos. No ya sólo porque se pase hasta 16 horas durmiendo (la razon: el efecto que las hojas de eucalipto causa en él lo mantiene “drogado”, como si un humano se pasase el día fumando marihuana); es que puede hacer toda su vida perfectamente sin bajarse de un árbol. Es difícil ver koalas, cuando te encuentras uno por el suelo, casi seguro que es porque tiene un problema grave. (Aún recuerdo la primera vez que me encontré un koala en mitad de una carretera, mientras conducia una noche; era tan grande que creí que había visto un oso panda. Tuve que recordarme dónde estaba para reparar que había sido un koala)

Estos koalas se aproximan a humanos en busca de agua, tal es el calor por aquí. (Las dos fotos últimas, yo las recuerdo de hace un año, no fué una respuesta directa al calor, si no a los incendios)

el bien de los demas – contribución de Emilio

Ene 4
Publicado por santi Archivado en contribuciones

Tema: El bien de los demás

Un viajero encuentra a un ermitaño en la orilla de un camino.

Viajero: Saludos, buenos días ^^
Ermitaño: … (Parando de remover la tierra con su azada, alza la mirada mientras se le queda mirando unos segundos, hace un movimiento de cabeza, como para saludarle sin palabras, y prosigue con su tarea…)
Viajero: ¿Es usted el que cuida este sendero desde la entrada del valle?
Ermitaño: Podría decirse que sí, pero realmente solo cambio las cosas de sitio.
Viajero: Vaya… me siento muy halagado por estar frente de una voluntad tan altruista con el medio ambiente… en el pueblo de abajo, aunque sean muy buenas gentes, explotan al máximo, y sin respeto, el medio que les rodea…
Ermitaño: Yo solo cuido de mi hogar, no hay nada de sorprendente en ello.
Viajero: ¿Que no? ¿Se ha fijado cómo están los alrededores, y el edén que ha montado en un simple sendero? ¿Sabe el dinero que podría ganar vendiendo sus servicios a algún señor rico? ¿O… incluso vendiendo lo que ya ha hecho?
Ermitaño: ¿Vender? Hace siglos que no oigo esa palabra… ¿Pero para hacerlo no hay que ser dueño de algo?
Viajero: ¡¿Me está usted diciendo que esto no es suyo y que lo cuida por que sí?!
Ermitaño: Todo lo que ve es un reflejo de lo que soy, y lo que la naturaleza, es.
Pero si se refiere a cuestiones legales de la sociedad, y todas esas sandeces… sí, tengo un papel que dice que esto es mío, pero solo lo guardo para que pueda ser de nadie; por eso está abierto a los viajeros…
Viajero: No le entiendo…
Ermitaño: A quien no entiendo es a usted. Primero celebrando la belleza de este lugar y luego contándome que por qué no la he echado a perder a la más mínima oportunidad…
Si hubiera hecho algo de lo que me has preguntado, ahora, no tendríamos esta conversación, y todo lo que ve, no existiría.
Viajero: No, no… lo que no entiendo es por qué aprecia algo de este modo tan especial si no lo considera ni suyo…
Ermitaño: ¿Recuerda cuando se abolió la esclavitud?
Viajero: Si, hace ya más de cien años…
Ermitaño: Pues eso.
Viajero: …

Un escalofrío invadió totalmente al viajero. Cayó en la cuenta de algo tan grande que no le cupo en la mente, sus palabras le abandonaron, no eran suyas…
El silencio prevaleció durante unos instantes…

Ermitaño: Es tan simple como parece. Me siento bien siendo útil, vaciando mi amor en lo que me rodea. Viendo cómo mis esfuerzos son correspondidos por millones de sonrisas verdes que están aquí, y son así, porque un día las vi… y supe escuchar la melodía que me ofrecían…
Ya no sé quien empezó, si la naturaleza, o yo, pero da igual…
Solo sé que desde donde me llega la memoria, soy uno con lo que hago… y soy feliz.

Al terminar de decir esto, el ermitaño se giró y siguió arando…
El viajero prosiguió su camino, lentamente… mudo, sin noción del tiempo alguna…