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no te rindas, mujer

Oct 29
Publicado por santi Archivado en General, Mis videos

Un consejo para mujeres que se sienten atrapadas por el novio, marido, madre o suegra

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Para llegar… no esperes demasiado

Jul 16
Publicado por santi Archivado en mis textos

campeones

Esperar en el sentido de crear expectaciones. No, no se trata de ser conformista, de no soñar, de no aspirar a grandes logros, de no entusiarmarse con un proyecto, de perder la ilusión… se trata simplemente de ser realistas, de entender que en muchas ocasiones no hay mayor enemigo para nuestra propia felicidad que nosotros mismos: la expectación desmesurada que nos autoimponemos, la que pregonamos a otros a los cuatro vientos, la que casi nunca satisfacemos creándonos una permanente sensación de fracaso, la que socava nuestra autoestima.

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Tu talento

Jun 24
Publicado por santi Archivado en mis textos

Que lo tienes, no lo dudes. Tan imperceptible tal vez como el aire que respiras, pero tan cierto. Esta entrada no es más que continuar la reflexión de la entrada previa (justo bajo esta). Que parece que si escribo mucho como que todo se entiende menos, o parece menos del gusto del lector. Pero si justo antes quería inculcarte tu responsabilidad con la vida y contigo mismo de participar, apostar, y “pringarte” con aquello que te rodea para encontrarte a ti mismo, encontrar sentido a lo que haces, y últimamente encontrar tu felicidad (y me quedo a gusto echándote la bronca si no lo haces y “pasas”); en esta continuación quiero inculcarte la confianza de que “tú puedes”. Estás diseñado, construido, creado, equipado para ello. Tú tienes talento. Tú tienes capacidades. No lo dudes.

Puede que no esté a la vista. Puede que lo mejor de nosotros mismos no se encuentre sin tiempo y esfuerzo. Puede que haya que pasar por momentos de fragilidad y confusión. Pero el que busca, encuentra; el que persigue, logra. Mira un bebé. No tiene ni idea de lo que se le avecina. Puede que en cuanto se quede a solas se confunda y llore. Pero todo en él está diseñado para que siga avanzando, moviéndose, creciendo. El tiempo igual aumenta su comprehension linguística como su capacidad pulmonar. El no lo sabe, nosotros sí. En lo espiritual, en lo intangible, muchas veces somos como bebes, nosotros no sabemos de nuestros talentos, tal vez otro ser sí. Pero estar, están; crecer, crecen. No lo dudes.

Aquí en Australia, desde donde te escribo, hay ciertas tribus que le dan mucha importancia al nombre de un individuo. El nombre de una persona se convierte en algo tan único que cuando el individuo muere, su nombre no puede volver a ser usado durante generaciones. Ni siquiera mencionado; como una manera de respetar la esencia de esa persona. Y es que ese nombre representa el talento único del fallecido. El nombre que esa persona escogió en vida.

Cuando un niño aborigen de estas tribus nace se le da un nombre, no recuerdo ahora exactamente quien es el encargado de ello, un miembro familiar en particular creo. Tampoco recuerdo bien cómo continua exactamente el proceso. Me parece que durante los años de la adolescencia tiene otro nombre dado por la comunidad. Finalmente, en algún momento de la madurez, el individuo escoge su propio nombre, el definitivo y auténtico. Ese nombre está cargado del significado que representa su talento. (“el que sabe donde hay agua”, “el que cura con las manos”, “el que camina sin cansarse”, etc…)

Todos tenemos talentos, todos valemos para algo. El reconocer el mejor de nuestros talentos (o simplemente uno de ellos) como nuestro propio nombre no es sólo una seña de identidad, es tambien un compromiso con nosotros mismos, un destino en el que apostamos para guiarnos y para que sirva de guía al resto de la comunidad. Tal como escoger hacer una carrera o aprender un oficio y decidir a qué nos vamos a dedicar. Sólo que tratándose de nuestro talento y nuestra vida, yo prefiero lo del nombre antes que lo del título universitario o el certificado. Reconoce la implicación y conexión con uno mismo más que la dependencia de las leyes del mercado. Quizás estas leyes es lo que te nubla la vision de tu talento. Pero en cualquier caso, no lo dudes, tu talento existe, tu nombre te está esperando, sólo tienes que buscarlo primero y escogerlo despues.

Tomar decisiones

May 29
Publicado por santi Archivado en mis textos

Me parece a mi que las personas que manejan su vida de una manera más efectiva toman las decisisiones no muy trascendentes rápido y las trascendentes sin apresusarse. Mi mujer, Linda, parece ser una de estas personas. Si en mitad de su rutina de trabajo surge una tarea inesperada: una llamada por hacer, atender una visita inesperada, un favor que le pide el pesado de su marido… deja lo que está haciendo e inmediatamente hace la tarea. Diez minutos o media hora más tarde vuelve al punto donde paró y parece como que esa tarea nunca hubiese existido.

Me parece una cualidad fascinante. La de supeditar el plan que tengamos para el día por el plan que la vida nos va marcando. ¡Qué fácil es que una tarea así nos surga en cualquier momento y precisamente, por no tener mucha importancia, dejarla para más tarde! Y más tarde dejarla para un poco más tarde. Y luego seguir dejándola simplemente porque ahora ya comienza a no apetecernos hacerla. Y despues seguir sin hacerla porque ya nos molesta hacerla. Y nos molesta porque sabemos que es algo que no nos hubiese importado hacer inmediatamente pero no lo hicimos en su momento y ahora como que ya tenemos que hacerlo forzosamente… Al final, el tiempo que esa pequeña tarea permanece en nuestra mente es infinitamente mayor al que desearíamos. La conclusión parece obvia: atacar las tareas menores de inmediato, no dejar que una pequeña bola de nieve se convierta en un alud ¿Cómo era ese proverbio budista? Algo como que “no es la visión de la montaña que has de subir lo que te desgasta, te desgasta la piedra que llevas en el zapato”.

Igualmente de mi mujer he aprendido que una decisión no ha de tomarse necesariamente… hasta que ha de tomarse. Hablo ahora de decisiones más trascendentes: aceptar un trabajo, hacer un viaje, responder a una invitación… A diferencia de las decisiones “menores” que no suelen llevar “fecha de caducidad”, las “mayores” suelen tener una fecha en la que hemos de decidir o responder. En este caso solemos complicarnos la vida por lo contrario, no dejar que el tiempo y la reflexión serena vaya tomando esa decisión por nosotros sino empeñarnos en tomar la decisión ya mismo, lo antes posible (y otro día escribiré sobre el estrés). Muchas veces estas decisiones no requieren mas que un “sí” o un “no” por nuestra parte, y nadie espera esa respuesta antes de cuando es requerida. ¿Por qué machacarnos hoy con lo que no requiere contestación hasta mañana? Si además, con la vida ya se sabe, llega mañana y algo cambió que de pronto nuestra decisión ya no importa. ¡La cara que se nos queda y lo rápido que olvidamos lo que deberíamos de aprender en momentos así! Al día siguiente ya estamos muertos de preocupación por algo que no deberíamos (y en el proceso, postergando las pequeñas tareas que deberíamos estar haciendo).

Ayuda de Gabriel García Márquez

May 22
Publicado por santi Archivado en frases

Criticar

Abr 19
Publicado por santi Archivado en mis textos

Criticar a un amigo, una hija, el esposo o la novia, debe de ser una de las cosas más inútiles y dañinas de nuestra existencia. Curiosamente, nos pasamos la vida haciéndolo.

¿Que pretendemos con nuestra crítica? Cambiar el comportamiento o la actitud de alguien. Si alguno de quienes leais esto sabeis de un solo caso en el que se haya coseguido cambiar el comportamiento de alguien a base de criticarle, por favor, compartirlo aquí en un comentario. Yo estaría muy interesado en leer sobre ello.

Personalmente, cuando alguien me critica, he de pararme bien en seco y darme tiempo, bastante tiempo, antes de decidir qué es lo que voy a hacer al respecto. Porque incosncientemente, de una manera “natural”, lo único que me sale es defenderme. Si alguna critica alguna vez me cambió en algo, lo hizo mucho más tarde, cuando ya estuvo tan procesada por mi mismo que olvidé que aquello fué una vez una crítica y surge como algo enteramente propio.

Mi madre finalmente hace crucigamas, lo que la sugerí durante años para combatir la demencia senil. Tal como cuando la sugerí desahecerse de la bañera y poner en su lugar una ducha con agarradero para prevenir un accidente, u otra infinidad de detalles, durante años, para ella no eran más que ideas ridículas que rechazaba de plano hasta que yo desistía de ellas. Un tiempo más tarde, incorporaba esos cambios a su existencia. Si hoy la digo que eso ya se lo había dicho yo, me discute que es 100% su propia idea, que la ha tenido en la cabeza durante años (probabemente los mismo años que discutió conmigo rechazándolas).

El caso es que detrás de una critica hay una lógica. Y la lógica es diferente para cada uno. Si un marido y su mujer discuten una noche por quien va a tener que bañar al crio, cada uno de ellos probable que tenga una lógica aplastante. El marido podrá decir que tirarse todo el día trabajando para llegar a una casa que está constantemente patas arriba y en la que no se puede respirar un minuto de paz es demasiado por aguantar. La mujer le puede responder que ella ni tuvo el tiempo para mirar la casa, que entre llevar y recoger los niños, visitar la suegra, hacer la compra y atender la reunión de padres, ha estado en la casa tanto como él. Aparte, los que están “haciendo la guerra” se llaman “sus hijos”.

Probablemente, los dos están cansados. Cada uno siente su cansancio, pero no el del otro. Cada uno encuentra lógica en su crítica hacia al otro, razones para que sea el otro el que actue, el que cambie, pero por supuesto, ninguno lo hace. Las críticas solo nos traen frustración y mala leche. Incluso cuando una crítica se entiende y acepta, rarísima vez nos cambia. Somos animales de hábitos, y hasta los hábitos que bien sabemos nos llevan sólo a nefastas consecuencias, continuamos repitiéndolos.

Una relación de cualquier tipo, tal como nuestro propio comportamiento, no tiene nada que ver con la lógica. Tiene que ver con instinto, impulsos, emociones, estereotipos preconcebidos… Y es en esos areas donde hemos de buscar las soluciones a nuestros problemas de comunicación con otros y el cómo sentimos respecto al interlocutor. En el caso del marido y la mujer que discuten, lo hacen por que en ambos hay una necesidad emocional insatisfecha. Hay que reconocer cual y hay que intentar satisfacerla de una manera que no sea ofensiva para el otro.

Si nuestra pareja pudiese parar su discusión “racional”, escapar de su propia lógica, parar la crítica, y simplemente se diesen la oportunidad de reflexionar sobre lo que realmente necesitan, hablarlo y escucharlo, probablemente se sorprenderían descubriendo lo cerca que las necesidades de uno están de las del otro (amor: sentirse importante y esencial en la vida del otro, atención, respeto, escucha…; ser tratado con consideración, tolerancia, mimo…).

La respuesta está en cultivar todo lo que uno desea para si mismo en uno mismo, la respuesta está en ser capaces de dar precisamente eso que se anhela. ¿Tienes un problema en la familia, con la pareja, en el trabajo…? Responde con tu trato, busca la solución con tu comportamiento, muestra la sensibilidad con la que te gustaría ser tratado, da para recibir, deja que las emociones positivas que emanes resuelvan aquello que tus palabras y tu crítica no pueden;-)

10 – Gratitud

Abr 10
Publicado por santi Archivado en Mis videos

hablar y escuchar

Mar 24
Publicado por santi Archivado en mis textos

La mayoría de los humanos adultos no tenemos problemas serios para expresarnos. A muchos nos gusta hablar y lo hacemos con confianza. De hecho, nos gusta tanto hablar que pocos son buenos a escuchar. Cuando escuchar, yo pienso, nos lleva mucho más lejos, nos crea mejor oportunidades para nosotros mismos.

Instantaneamente, alguien que sabe escucharnos es más apreciado que quien nos habla. No importa lo que el hablante nos diga, el momento que abre la boca, ya nos vienen juicios de valor sobre él, no siempre positivos. Mientras que escuchar es ya por si, en principio, percibido como reducir nuestro status al del interlocutor. Dar nuestro tiempo y nuestra atención a la vida de otro, hacerle sentir que es importate para nosotros (o por lo menos lo suficiente para escucharle). Todo el mundo aprecia alguien a quien poderle contar lo que se nos antoje y que este ahí… escuchando.

Recuerdo haber leido hace ya años algo muy interesante sobre escuchar. Venía a clasificar la escucha en distintos niveles. Comenzaba diciendo que la mayoría de nosotros simplemente no sabíamos escuchar bien. Que en una conversación, si no estamos hablando, nuestra mente está, la mayor parte del tiempo, pensando y construyendo lo siguiente que va a decir. Recuerdo haberlo chequeado en mi mismo y comprobar que, en mi caso, así era.

Tambien recuerdo practicar a raiz de lo que leí, el nivel básico de escucha que el autor sugería. Que no era más que prestar atención a lo que el hablante decía y, en ocasiones, devolverle la misma información cambiando el orden de sus palabras. Si, por ejemplo, él o ella te dice: “¡Que me encontré con el presidente de la comunidad en la escalera y me dijo que aún tengo que pagar más de luz!”, pues tu respuesta puede ser: “¿Que has de pagar más luz te ha dicho el presidente?”. Probablemente basta un “¿más luz?” para que quien habla se lance a contarte toda la película. Una llave tan sencilla y un efecto tan poderoso. Así es, basta con devolver pedacitos de su propia información a quien habla para que la persona siga y siga hablando, no ya dándote su confianza, mejor, ganándote tú la suya.

El nivel de escucha superior en el escalafón era la escucha empática. Ninguna fórmula rara en la que hay que estar educado para lograrla, hay gente que tiene ese don de una manera natural. Gente que escucha con empatía por el que habla, que posee compasión y sabe ver las emociones que el hablante experimenta tras sus palabras: El (o la) que pregunta: ¿te sientes frustrado/a con la comunidad de propietarios?

Escuchar es “invertir” en el banco emocional de otros, ser probablemente mucho más considerado por otros cuando seas tú el que expresas. (Todos nos aburrimos y tendemos a evitar al que se empeña en contarnos su vida e impresionarnos en los primeros 10 minutos de una conversación. Mucho más efectivo estarse calladito y que sea el interlocutor quien vaya descubriéndote a su propio ritmo, con sus propias preguntas). Cuando se crea el hábito de escuchar bien, creo que es el “arma” más poderosa que yo conozco para ser considerado, respetado y ser admitido en el corazón de alguien.

Por mi parte, me siento más valido y feliz a la hora de dormir si he aprendido algo nuevo que si convencí (o intenté convencer) a alguien de algo.

Reflexiones sobre la vejez

Mar 10
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más sobre responsabilidad

Mar 7
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