Búsqueda personalizada

hablar y escuchar

Mar 24
Publicado por santi Archivado en mis textos

La mayoría de los humanos adultos no tenemos problemas serios para expresarnos. A muchos nos gusta hablar y lo hacemos con confianza. De hecho, nos gusta tanto hablar que pocos son buenos a escuchar. Cuando escuchar, yo pienso, nos lleva mucho más lejos, nos crea mejor oportunidades para nosotros mismos.

Instantaneamente, alguien que sabe escucharnos es más apreciado que quien nos habla. No importa lo que el hablante nos diga, el momento que abre la boca, ya nos vienen juicios de valor sobre él, no siempre positivos. Mientras que escuchar es ya por si, en principio, percibido como reducir nuestro status al del interlocutor. Dar nuestro tiempo y nuestra atención a la vida de otro, hacerle sentir que es importate para nosotros (o por lo menos lo suficiente para escucharle). Todo el mundo aprecia alguien a quien poderle contar lo que se nos antoje y que este ahí… escuchando.

Recuerdo haber leido hace ya años algo muy interesante sobre escuchar. Venía a clasificar la escucha en distintos niveles. Comenzaba diciendo que la mayoría de nosotros simplemente no sabíamos escuchar bien. Que en una conversación, si no estamos hablando, nuestra mente está, la mayor parte del tiempo, pensando y construyendo lo siguiente que va a decir. Recuerdo haberlo chequeado en mi mismo y comprobar que, en mi caso, así era.

Tambien recuerdo practicar a raiz de lo que leí, el nivel básico de escucha que el autor sugería. Que no era más que prestar atención a lo que el hablante decía y, en ocasiones, devolverle la misma información cambiando el orden de sus palabras. Si, por ejemplo, él o ella te dice: “¡Que me encontré con el presidente de la comunidad en la escalera y me dijo que aún tengo que pagar más de luz!”, pues tu respuesta puede ser: “¿Que has de pagar más luz te ha dicho el presidente?”. Probablemente basta un “¿más luz?” para que quien habla se lance a contarte toda la película. Una llave tan sencilla y un efecto tan poderoso. Así es, basta con devolver pedacitos de su propia información a quien habla para que la persona siga y siga hablando, no ya dándote su confianza, mejor, ganándote tú la suya.

El nivel de escucha superior en el escalafón era la escucha empática. Ninguna fórmula rara en la que hay que estar educado para lograrla, hay gente que tiene ese don de una manera natural. Gente que escucha con empatía por el que habla, que posee compasión y sabe ver las emociones que el hablante experimenta tras sus palabras: El (o la) que pregunta: ¿te sientes frustrado/a con la comunidad de propietarios?

Escuchar es “invertir” en el banco emocional de otros, ser probablemente mucho más considerado por otros cuando seas tú el que expresas. (Todos nos aburrimos y tendemos a evitar al que se empeña en contarnos su vida e impresionarnos en los primeros 10 minutos de una conversación. Mucho más efectivo estarse calladito y que sea el interlocutor quien vaya descubriéndote a su propio ritmo, con sus propias preguntas). Cuando se crea el hábito de escuchar bien, creo que es el “arma” más poderosa que yo conozco para ser considerado, respetado y ser admitido en el corazón de alguien.

Por mi parte, me siento más valido y feliz a la hora de dormir si he aprendido algo nuevo que si convencí (o intenté convencer) a alguien de algo.

más sobre responsabilidad

Mar 7
Publicado por santi Archivado en otros videos

La cultura

Mar 3
Publicado por santi Archivado en frases

En caso de que no se haya notado, ya lo digo: me fascinan las culturas africanas.
Hoy os dejo con unas citas africanas sobre cultura

“La cultura es una de las palancas más importantes para rehabilitar y relanzar una economía” Aminata Traoré
“Cultura es la posibilidad de crear, renovar y compartir valores. Es el oxígeno que mejora la vitalidad humana. Tiene que ver con espiritualidad, algo a lo que el estado no siempre le preocupa” Jacques Nanéma
“El hombre de cultura debe ser un buscador de almas” Aimé Césaire
“Todo el trabajo dirigido hacia la cultura es igualmente dirigido contra la guerra” Sigmund Freud citado por Aminata Traoré
“Un hombre sin cultura es como una cebra sin rayas” Proverbio masai

La complejidad del ser

Feb 26
Publicado por santi Archivado en otros videos

Casi parece una continuación del tema. Este video habla del ser humano como un ser complejo, “holístico”. Olvidar alguno de nuestros diversos centros nos lleva a desajustes emocionales

La que fué mi “Biblia”

Feb 7
Publicado por santi Archivado en General, mis textos

¿Qué? ¿Estais haciendo vuestros planes para organizar mejor vuestro tiempo o no? En unos pocos días saco el último video con algún consejo o sugerencia sobre esos planes. Y por supuesto, tendré que acreditar de dónde viene todo. Que aunque haya de mi propia cosecha, todos aprendemos de algún sitio. Este sistema de organización (y algunos otros conceptos de los que hablo en mis videos remando) vienen de un libro muy específico, este:

Los 7 Habitos de la Gente Altamente Efectiva

Instrucciones para una vida

Feb 5
Publicado por santi Archivado en otros textos

Siempre viene bien recordar los 20 puntos que el Dalai Lama expresó al comienzo del nuevo milenio:

1 – Ten en cuenta que los grandes amores y logros entrañan un gran riesgo.

2 – Si pierdes, no pierdas la lección.

3 – Aplica las tres erres: respétate a ti mismo, respeta a los demás, y responsabilízate de tus acciones.

4 – Recuerda que, a veces, no conseguir lo que quieres es un maravilloso golpe de suerte.

5 – Aprende las reglas para que sepas incumplirlas cuando conviene.

6 – No permitas que una pequeña discusión, empañe una gran relación.

7 – Cuando te des cuenta de que has cometido un error, toma inmediatamente las medidas necesarias para corregirlo.

8 – Pasa algún tiempo sólo todos los días.

9 – Abre tus brazos al cambio, pero no abandones tus valores.

10 – Recuerda que, a veces, el silencio es la mejor respuesta.

11 – Vive una buena vida honrada. Después, cuando seas mayor y mires hacia atrás, serás capaz de disfrutarla de nuevo.

12 – Un entorno de amor en tu hogar es la base de tu vida.

13 – Cuando no estés de acuerdo con tus seres queridos, preocúpate únicamente por la situación actual. No hagas referencias a anteriores disputas.

14 – Comparte tus conocimientos. Es la forma de lograr la inmortalidad.

15 – Sé bueno con la Madre Tierra.

16 – Una vez al año, acude a un lugar al que nunca hayas ido antes.

17 – Recuerda que la mejor relación es aquella en la que el amor mutuo es mayor que la necesidad mutua.

18 – Juzga tu éxito en función de aquello a lo que has renunciado para consegirlo.

19 – Ama y cocina con absoluto derroche.

20 – Visita ArteVivir.com una vez a la semana para refrescar tu espíritu

Calor para Merce

Ene 12
Publicado por santi Archivado en fotos

¿Frio, quién dijo frio? Pues sí paisanos, Merce me cuenta que recogió un pájaro muriéndose de frio y me pide que os envíe un poco de calor desde la antípoda. Sin ánimo de amargaros el día (sólo con la intención de que reflexionemos hacia dónde estamos empujando nuestro planeta) os envio estas cuatro fotos. Mientras que en Inglaterra tiene el invierno más duro de los últimos 30 años y vosotros ya veis la que os está cayendo, por aquí, en Australia, se confirma que esta década que acabamos de dejar ha sido la más calurosa en la historia de este continente. Vamos, que yo vivo en calzoncillos.

La peculiaridad de las fotos de abajo es que el koala es especialmente un animal que se cuida mucho de no socializar con los humanos. No ya sólo porque se pase hasta 16 horas durmiendo (la razon: el efecto que las hojas de eucalipto causa en él lo mantiene “drogado”, como si un humano se pasase el día fumando marihuana); es que puede hacer toda su vida perfectamente sin bajarse de un árbol. Es difícil ver koalas, cuando te encuentras uno por el suelo, casi seguro que es porque tiene un problema grave. (Aún recuerdo la primera vez que me encontré un koala en mitad de una carretera, mientras conducia una noche; era tan grande que creí que había visto un oso panda. Tuve que recordarme dónde estaba para reparar que había sido un koala)

Estos koalas se aproximan a humanos en busca de agua, tal es el calor por aquí. (Las dos fotos últimas, yo las recuerdo de hace un año, no fué una respuesta directa al calor, si no a los incendios)

La felicidad: ¿un regalo o un logro?

Ene 12
Publicado por santi Archivado en mis textos

La foto que acabo de publicar bajo esto que escribo, me ha traido a la memoria claramente la principal razón por la que hace ya 15 años decidí dejar la gran ciudad para vivir en contacto con la naturaleza (decidimos, que si mi compañera sentimental no hubiese sentido de parecida manera, tal vez en la ciudad seguiríamos). Lo comparto con vosotros porque tras esa razón hay una observación interesante que tal vez pueda servir de algo a alguien;-)

Yo llevaba ya unos 17 años viviendo en Madrid, siempre en el centro. No estaba tan cuidado como pueda estarlo ahora y aquello era un continuo caos de humos, ruidos, tráfico, bocinazos y cacas de perro por todas partes. Un laberinto de calles estrechas en las que más del 80% del tráfico era gente buscando un sitio donde aparcar y el mismo ayuntamiento vendía permisos para aparcar a los residentes, más permisos que espacio de aparcamiento existía en los bordillos. Aún puedo verme a mi mismo con tal nivel de exasperación por tener que dar constantes rodeos entre coches mal aparcados para cruzar una calzada de cuatro metros, que en alguna ocasión, simplemente caminé por encima de los capós de los coches. (Si tu coche apareció hace ya 20 años con un bollo en el capó tras haber aparcado en un paso de cebra, lo siento, puede que fuese yo).

Los cinco últimos años en Madrid, ya estando con mi compañera, salíamos a menudo al campo los fines de semana. No me alargo con las placenteras sensaciones que no son familiares a todos. Los regresos a la ciudad, ralentizados por las horas en caravana para volver a entrar en ella, eran cada vez más dolorosos. Cuanto más dolor, más escapadas. En una de estas salidas, mi cabeza hizo “click” (creo recordar que estando simplemente al sol en calzoncillos y reflexionando sobre por qué me sentía tan bien) y vino a razonar más o menos lo siguiente.

¿Qué es lo que me aporta a mi la ciudad? Oportunidades de trabajo (era actor, el trabajo tan pronto lo tenía como tan pronto no), progresar en mi carrera, diversion variada y cultural, relacionarme con gente… y para de contar. No recuerdo otros argumentos para justificar mi presencia en la ciudad. Revisé mis razones. Familia y amigos está bien verlos y sentirlos cerca, pero a un amigo o a un familiar no se le quiere o siente más o menos por el número de veces que se le ve o por la distancia. Trabajo, pues ya estaba un poco hasta el gorro de ir llamando de puerta en puerta a productoras de cine o TV para probarle a otros mis talentos. Más importante, yo hacia lo que hacía principalmente por la gratificación creadora. La competición brutal y el constante “que mal está todo” (¿suena familiar?) que era el mantra popular los sentía como una garra que me arrastraba hacia el barro. La belleza de crear estaba castrada, y el simple poder para hacerlo lo tenía muy cuestionado: ¿qué bueno podía salir de tanto lamento?. La diversión, me disculpen ustedes que lo diga, para ya había tenido todo el “sexo, drogas y rock and roll” suficiente para cubrir varias vidas. La “cultura” ya cómo que tambien me salía por las orejas. Mi carrera, mis sueños de fama y éxito, ya veía que tampoco, que había invertido más de una decada de mi vida en el camino erroneo para triunfar: no había parado de estudiar y superar retos desde que llegué a Madrid y conseguir ser uno de los más jovenes que nunca lograsen entrar en la RESAD (que con ese nombre un tanto petulante me cuesta escribirlo: Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid). Y no me quedé en graduarme ahí, seguí estudiando en los mejores lugares y aprendiendo todo tipo de disciplinas relacionadas con un escenario, incluido el escenario más real, el de la calle. Lo que no aprendí, lo importante, lo fuí a aprender sólo unos años más tarde en Africa: “Se consigue más trabajando con otros y a traves de otros que avanzando sólo”. Seguro que fué mi orgullo lo que me impidió verlo antes. El caso es que tuve mis oportunidades para asentarme entre una “familia artistica” u otra, pero me inquietud siempre buscaba mas lejos. Resumiendo, que el trabajo y mi carrera en sí, tampoco eran ya motivos para permanecer en la gran ciudad. Me había quedado sin motivos para ello.

Lo interesante es que cuando reflexionaba sobre esto tomando el sol en calzoncillos, me di cuenta de que la sensación de felicidad de todo aquello bueno que podía encontrar en la ciudad, estaba relacionado con la mente, con la cabeza, con lo que pasaba o dejaba de pasar por mis neuronas. No había motivos para sentirme feliz “del cuello para abajo”. Incluso sólo en la cabeza, ¿cuántos sentidos tenemos?; y todos ellos eran atacados de una manera u otra por lo que a mi me parecía una ciudad en plena histeria.

¿Por qué me sentía bien ahora sin hacer nada más que tomar el sol? ¿Cómo era posible sentirse uno tan bien sin hacer un esfuerzo para conseguirlo? La respuesta podeis intuirla. Al igual que mi constante esfuerzo por mejorar y perfeccionarme como profesional me había impedido ver que era más fácil y conveniente para mi carrera el arrimarme al amigo adecuado y dejarme llevar, mi mente igualmente se había engañado creyendo que la felicidad era todo una cuestión de esfuerzo personal, de superación, de llegar más lejos.

No es así, la felicidad es una cuestión de saber estar, de aceptar, de recibir… el sol me lo estaba contando. Todo aquello que en la ciudad implicaba esfuerzo, la naturaleza lo regalaba. O dicho de otro modo: si le quitaba a la ciudad “el sexo, la droga y el rock and roll” (algo que por otro lado puedes llevar contigo a cualquier parte) no me quedaba más que la constante y extenuante lucha por ganarme la vida y contentarme a mi mismo, yo contra el mundo. Mientras que en el campo, sin luchar, sin esfuerzo, no tenía mas que mantener mis oidos abiertos para dejar que el canto de los pájaros me entretuviese, mantener mi olfato relajado para embriagarse de los olores de la tierra… las buenas sensaciones contribuyendo a mi bienestar y acercándome a una felicidad más completa entraban a borbotones por cada poro de mi piel. Una felicidad “de cuerpo entero”, casi regalada, no solo una felicidad “de mi cabeza” que cuando en la ciudad la alcanzaba, llegaba a ella tan extenuado y ansioso que rara vez era capaz de apreciarla.

Recuerdo como mi mujer y yo comenzamos a soñar juntos en “La Casa de la Pradera”. Una casita de madera en algún lugar verde donde nunca hiciese mucho frio. Un perro, unas gallinas, un huerto… justo lo que ahora tenemos. Allá cada uno con sus prioridades, en nuestro caso, cambiar la ciudad por el campo ha sido providencial. Para mi, cambiar el Madrid de los 80s (aunque emigré en el 94), la onda de Malasaña y Lavapiés, por la onda de los canguros (vivo en la Australia rural) ha sido la mejor decisión de mi vida. Y por eso la foto bajo estas palabras. Cada día percibo mil guiños y sonrisas. Ahora puedo verlas;-)

sonríe

Ene 12
Publicado por santi Archivado en fotos

La naturaleza te sonríe, acércate a ella, cuídala y ahí estará, una fuente inagotable de felicidad.
image

la ley de atracción

Ene 12
Publicado por santi Archivado en otros videos

En unos de mis videos, el de “atracción”, hablo sobre la ley de atracción, en la que básicamente creo. Es fácil encontrar muchos videos sobre esto. Sin embargo, no me acaba de convencer como los estadounidenses han empaquetado esto en lo que han dado en llamar “El Secreto”. Quédate con el contenido, no te dejes atrapar por la mercadotecnia y este material puede ayudarte.