La ansiedad es algo que puede llegar a desestabilizar nuestra vida seriamente. Quien la padece puede llegar a considerar el suicidio y hasta cometerlo. Es algo, pues, para tratar con seriedad pero sin miedos ni tapujos. Escribo sobre esto ahora porque acabo de ver un documental fantástico sobre el tema y quiero compartir lo principal de ese trabajo con vosotros.

Parece ser que la ansiedad no es algo que pueda curarse totalmente, simplemente se aprende a vivir con ella. El tiempo juega a nuestro favor, una misma persona ansiosa lo es cuatro veces más a los 20 años de edad que a los 70. Lo que tambien parece es que hay mucho tiempo y dinero perdido en torno a cómo tratarla.

La psicología no ayuda. Está bien y parece necesario el saber identificar aquellas situaciones que nos producen la ansiedad, pero el explorar el pasado para saber dónde esas situaciones se originaron parece probado que no garantiza el que ayude a superarlas. Lo que es más, el rememorar el cómo esas situaciones te hacen sentir, puede acrecentar la ansiedad en muchos individuos, no disminuirla.

La medicación tampoco parece haber ayudado mucho hasta ahora. Esta se reduce básicamente a antidepresivos y productos similares que tal vez puedan minimizar en algo los estados de ansiedad más extremos, pero los efectos secundarios y la aversión que mucha gente siente hacia estos productos complican muchas veces cada caso. Afortunadamente, las nuevas medicaciones en las que se trabaja se centran más en facilitar el aprendizaje de las facultades que necesitamos para combatir la ansiedad.

La ansiedad no es particularmente difícil de reconocer (aunque los hombres tendemos más a negarla). Basicamente se desarrolla en torno a inseguridades personales, sensaciones de rechazo, y miedo a confrontar situaciones específicas. La persona ansiosa, normalmente se castiga y degrada a si misma, por su incapacidad de confrontar estos miedos. Parece común que una persona extremadamente ansiosa sea catastrofista y perciba tragedias constantemente. No tiene que ver con la realidad ahí fuera sino con nuestra forma de percibir esa realidad. La ansiedad se origina enteramente en nuestra mente.

El tratamiento que parece ser más efectivo para combatir la ansiedad, pasa por dos pasos: reconocer el problema y confrontarlo. Cuando identificamos una situación (o las situaciones) que originan nuestra ansiedad, está bien intentar racionalizar esa situación al máximo. En estos momentos siempre ayuda rodearse de gente que tengan algo de idea sobre lo que nos pasa y sea comprensiva con nuestros miedos. No parece haber más solución para finalmente superar algo que nos da miedo que confrontar esa situacion: haciéndola, experimentándola, reduciendo gradualmente ese miedo, aprendiendo a llevarlo. Con cuidado y poco a poco, pero sin evitar esa confrontación.

Personas que han superado estados de ansiedad extrema hablan de pensamientos negativos recurrentes que dañan la confianza en si mismos. Una técnica que parece ser muy útil contra esto es el sistemáticamente ridiculizar esos propios pensamientos (Por ejemplo, si alguien tiene un pensamiento recurrente que le diga: “no merezco vivir”, el sistemáticamente, durante una semana, cada vez que le venga ese pensamiento, cantarlo en voz alta, o decírselo a uno mismo delante del espejo poniendo muecas, o dibujar monigotes diciendo esa frase…) Se trata de no hacer caso ni tomar en serio nuestra propia mente cuando ésta está destilando pensamientos negativos que no tienen fundamento alguno y no hacen más que crear una presión irracional en nosotros. La propia mente es el enemigo de la persona ansiosa.

Finalmente escribir que no hay prueba científica alguna de que hoy seamos personas más ansiosas que en el pasado. Las presiones del mundo moderno no parecen comparables a las de vivir en medio de una guerra o no tener para comer.