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Ayuda de Gabriel García Márquez

May 22
Publicado por santi Archivado en frases

Ansiedad

May 15
Publicado por santi Archivado en mis textos

La ansiedad es algo que puede llegar a desestabilizar nuestra vida seriamente. Quien la padece puede llegar a considerar el suicidio y hasta cometerlo. Es algo, pues, para tratar con seriedad pero sin miedos ni tapujos. Escribo sobre esto ahora porque acabo de ver un documental fantástico sobre el tema y quiero compartir lo principal de ese trabajo con vosotros.

Parece ser que la ansiedad no es algo que pueda curarse totalmente, simplemente se aprende a vivir con ella. El tiempo juega a nuestro favor, una misma persona ansiosa lo es cuatro veces más a los 20 años de edad que a los 70. Lo que tambien parece es que hay mucho tiempo y dinero perdido en torno a cómo tratarla.

La psicología no ayuda. Está bien y parece necesario el saber identificar aquellas situaciones que nos producen la ansiedad, pero el explorar el pasado para saber dónde esas situaciones se originaron parece probado que no garantiza el que ayude a superarlas. Lo que es más, el rememorar el cómo esas situaciones te hacen sentir, puede acrecentar la ansiedad en muchos individuos, no disminuirla.

La medicación tampoco parece haber ayudado mucho hasta ahora. Esta se reduce básicamente a antidepresivos y productos similares que tal vez puedan minimizar en algo los estados de ansiedad más extremos, pero los efectos secundarios y la aversión que mucha gente siente hacia estos productos complican muchas veces cada caso. Afortunadamente, las nuevas medicaciones en las que se trabaja se centran más en facilitar el aprendizaje de las facultades que necesitamos para combatir la ansiedad.

La ansiedad no es particularmente difícil de reconocer (aunque los hombres tendemos más a negarla). Basicamente se desarrolla en torno a inseguridades personales, sensaciones de rechazo, y miedo a confrontar situaciones específicas. La persona ansiosa, normalmente se castiga y degrada a si misma, por su incapacidad de confrontar estos miedos. Parece común que una persona extremadamente ansiosa sea catastrofista y perciba tragedias constantemente. No tiene que ver con la realidad ahí fuera sino con nuestra forma de percibir esa realidad. La ansiedad se origina enteramente en nuestra mente.

El tratamiento que parece ser más efectivo para combatir la ansiedad, pasa por dos pasos: reconocer el problema y confrontarlo. Cuando identificamos una situación (o las situaciones) que originan nuestra ansiedad, está bien intentar racionalizar esa situación al máximo. En estos momentos siempre ayuda rodearse de gente que tengan algo de idea sobre lo que nos pasa y sea comprensiva con nuestros miedos. No parece haber más solución para finalmente superar algo que nos da miedo que confrontar esa situacion: haciéndola, experimentándola, reduciendo gradualmente ese miedo, aprendiendo a llevarlo. Con cuidado y poco a poco, pero sin evitar esa confrontación.

Personas que han superado estados de ansiedad extrema hablan de pensamientos negativos recurrentes que dañan la confianza en si mismos. Una técnica que parece ser muy útil contra esto es el sistemáticamente ridiculizar esos propios pensamientos (Por ejemplo, si alguien tiene un pensamiento recurrente que le diga: “no merezco vivir”, el sistemáticamente, durante una semana, cada vez que le venga ese pensamiento, cantarlo en voz alta, o decírselo a uno mismo delante del espejo poniendo muecas, o dibujar monigotes diciendo esa frase…) Se trata de no hacer caso ni tomar en serio nuestra propia mente cuando ésta está destilando pensamientos negativos que no tienen fundamento alguno y no hacen más que crear una presión irracional en nosotros. La propia mente es el enemigo de la persona ansiosa.

Finalmente escribir que no hay prueba científica alguna de que hoy seamos personas más ansiosas que en el pasado. Las presiones del mundo moderno no parecen comparables a las de vivir en medio de una guerra o no tener para comer.

El Buda de la abundancia

May 15
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Como hay tanta crisis, os dejo una foto del Buda del dinero y la abundancia. Basta mirarlo y pedir para que algún dinero venga de algún lado;-)
Buda para ArteVivir

La familia

May 11
Publicado por santi Archivado en mis textos

Qué os voy a contar yo sobre la familia, queridos, cuando casi toda la tengo en la otra punta del planeta, cuando mi compañera y yo decidímos no tener hijos, cuando entré en un internado a los siete años de edad y ya nunca regresé al hogar mas que en periodos vacacionales… Pues algo sí voy a contar, algo.

Observo que las familias más felices son aquellas cuyos padres están más dispuestos a dejar marchar a los hijos. Los padres que entienden que los hijos no les deben nada. Que por mucho que sacrificasen su estilo de vida por ellos entienden que esa fué su obligación como padres: la de criar a los hijos ofreciéndole lo mejor. El mismo instante que un padre o una madre comienza a expresar quejas sobre ese “sacrificio” por los hijos, los hijos comienzan a incubar un sentimiento de obligación hacia los padres del que surgirán casi todos los problemas por venir. Una cosa es el amor y el sentimiento de gratitud que un hijo acrecienta de manera natural hacia sus padres segun madura, y otra muy distinta, el sentimiento de deuda y de tener que colmar las expectaciones de los padres que el hijo experiencia cuando es confrontado con lo que se está haciendo “por él”.

Hay padres que simplemente no quieren dejar ir a sus hijos. Eso ya puede castrar el desarrollo natural de la persona desde temprana edad. En la adolescencia y la madurez puede reflejarse en todo tipo de discusiones sobre rutinas y horarios. Los hijos quieren tirar hacia adelante y los padres, muchas veces, quieren tirar hacia atrás, hacia como la familia era antes. Es fácil llegar a una situación en la que cambiar parece ser algo que atente contra la familia. Una situación en la que tanto padres como hijos desempeñen su papel bien definido, en el que la dependencia de los unos por los otros se acreciente, en el que las discusiones sobre los mismos temas se repitan hasta el punto de reconocer que nunca se van a solucionar, pero aún así no estar dispuestos a hacer nada por cambiar. Hay familias que sólo conocerán la felicidad imaginada de que un día fueron felices.

Creo que el consejo más útil que yo leí por algún lado para una discusión de familia es intentar discutir sobre el incidente en cuestión. NUNCA sacar a relucir el pasado y mezclarlo en la discusión. (Os lo aseguro, no es fácil, pero es posible. Un aire fresco que pudiese salvar a más de uno de morir de ansiedad)

Animo

May 9
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Unas palabras de aliento nunca vienen mal:

Criticar

Abr 19
Publicado por santi Archivado en mis textos

Criticar a un amigo, una hija, el esposo o la novia, debe de ser una de las cosas más inútiles y dañinas de nuestra existencia. Curiosamente, nos pasamos la vida haciéndolo.

¿Que pretendemos con nuestra crítica? Cambiar el comportamiento o la actitud de alguien. Si alguno de quienes leais esto sabeis de un solo caso en el que se haya coseguido cambiar el comportamiento de alguien a base de criticarle, por favor, compartirlo aquí en un comentario. Yo estaría muy interesado en leer sobre ello.

Personalmente, cuando alguien me critica, he de pararme bien en seco y darme tiempo, bastante tiempo, antes de decidir qué es lo que voy a hacer al respecto. Porque incosncientemente, de una manera “natural”, lo único que me sale es defenderme. Si alguna critica alguna vez me cambió en algo, lo hizo mucho más tarde, cuando ya estuvo tan procesada por mi mismo que olvidé que aquello fué una vez una crítica y surge como algo enteramente propio.

Mi madre finalmente hace crucigamas, lo que la sugerí durante años para combatir la demencia senil. Tal como cuando la sugerí desahecerse de la bañera y poner en su lugar una ducha con agarradero para prevenir un accidente, u otra infinidad de detalles, durante años, para ella no eran más que ideas ridículas que rechazaba de plano hasta que yo desistía de ellas. Un tiempo más tarde, incorporaba esos cambios a su existencia. Si hoy la digo que eso ya se lo había dicho yo, me discute que es 100% su propia idea, que la ha tenido en la cabeza durante años (probabemente los mismo años que discutió conmigo rechazándolas).

El caso es que detrás de una critica hay una lógica. Y la lógica es diferente para cada uno. Si un marido y su mujer discuten una noche por quien va a tener que bañar al crio, cada uno de ellos probable que tenga una lógica aplastante. El marido podrá decir que tirarse todo el día trabajando para llegar a una casa que está constantemente patas arriba y en la que no se puede respirar un minuto de paz es demasiado por aguantar. La mujer le puede responder que ella ni tuvo el tiempo para mirar la casa, que entre llevar y recoger los niños, visitar la suegra, hacer la compra y atender la reunión de padres, ha estado en la casa tanto como él. Aparte, los que están “haciendo la guerra” se llaman “sus hijos”.

Probablemente, los dos están cansados. Cada uno siente su cansancio, pero no el del otro. Cada uno encuentra lógica en su crítica hacia al otro, razones para que sea el otro el que actue, el que cambie, pero por supuesto, ninguno lo hace. Las críticas solo nos traen frustración y mala leche. Incluso cuando una crítica se entiende y acepta, rarísima vez nos cambia. Somos animales de hábitos, y hasta los hábitos que bien sabemos nos llevan sólo a nefastas consecuencias, continuamos repitiéndolos.

Una relación de cualquier tipo, tal como nuestro propio comportamiento, no tiene nada que ver con la lógica. Tiene que ver con instinto, impulsos, emociones, estereotipos preconcebidos… Y es en esos areas donde hemos de buscar las soluciones a nuestros problemas de comunicación con otros y el cómo sentimos respecto al interlocutor. En el caso del marido y la mujer que discuten, lo hacen por que en ambos hay una necesidad emocional insatisfecha. Hay que reconocer cual y hay que intentar satisfacerla de una manera que no sea ofensiva para el otro.

Si nuestra pareja pudiese parar su discusión “racional”, escapar de su propia lógica, parar la crítica, y simplemente se diesen la oportunidad de reflexionar sobre lo que realmente necesitan, hablarlo y escucharlo, probablemente se sorprenderían descubriendo lo cerca que las necesidades de uno están de las del otro (amor: sentirse importante y esencial en la vida del otro, atención, respeto, escucha…; ser tratado con consideración, tolerancia, mimo…).

La respuesta está en cultivar todo lo que uno desea para si mismo en uno mismo, la respuesta está en ser capaces de dar precisamente eso que se anhela. ¿Tienes un problema en la familia, con la pareja, en el trabajo…? Responde con tu trato, busca la solución con tu comportamiento, muestra la sensibilidad con la que te gustaría ser tratado, da para recibir, deja que las emociones positivas que emanes resuelvan aquello que tus palabras y tu crítica no pueden;-)

11 – Vida

Abr 10
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10 – Gratitud

Abr 10
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hablar y escuchar

Mar 24
Publicado por santi Archivado en mis textos

La mayoría de los humanos adultos no tenemos problemas serios para expresarnos. A muchos nos gusta hablar y lo hacemos con confianza. De hecho, nos gusta tanto hablar que pocos son buenos a escuchar. Cuando escuchar, yo pienso, nos lleva mucho más lejos, nos crea mejor oportunidades para nosotros mismos.

Instantaneamente, alguien que sabe escucharnos es más apreciado que quien nos habla. No importa lo que el hablante nos diga, el momento que abre la boca, ya nos vienen juicios de valor sobre él, no siempre positivos. Mientras que escuchar es ya por si, en principio, percibido como reducir nuestro status al del interlocutor. Dar nuestro tiempo y nuestra atención a la vida de otro, hacerle sentir que es importate para nosotros (o por lo menos lo suficiente para escucharle). Todo el mundo aprecia alguien a quien poderle contar lo que se nos antoje y que este ahí… escuchando.

Recuerdo haber leido hace ya años algo muy interesante sobre escuchar. Venía a clasificar la escucha en distintos niveles. Comenzaba diciendo que la mayoría de nosotros simplemente no sabíamos escuchar bien. Que en una conversación, si no estamos hablando, nuestra mente está, la mayor parte del tiempo, pensando y construyendo lo siguiente que va a decir. Recuerdo haberlo chequeado en mi mismo y comprobar que, en mi caso, así era.

Tambien recuerdo practicar a raiz de lo que leí, el nivel básico de escucha que el autor sugería. Que no era más que prestar atención a lo que el hablante decía y, en ocasiones, devolverle la misma información cambiando el orden de sus palabras. Si, por ejemplo, él o ella te dice: “¡Que me encontré con el presidente de la comunidad en la escalera y me dijo que aún tengo que pagar más de luz!”, pues tu respuesta puede ser: “¿Que has de pagar más luz te ha dicho el presidente?”. Probablemente basta un “¿más luz?” para que quien habla se lance a contarte toda la película. Una llave tan sencilla y un efecto tan poderoso. Así es, basta con devolver pedacitos de su propia información a quien habla para que la persona siga y siga hablando, no ya dándote su confianza, mejor, ganándote tú la suya.

El nivel de escucha superior en el escalafón era la escucha empática. Ninguna fórmula rara en la que hay que estar educado para lograrla, hay gente que tiene ese don de una manera natural. Gente que escucha con empatía por el que habla, que posee compasión y sabe ver las emociones que el hablante experimenta tras sus palabras: El (o la) que pregunta: ¿te sientes frustrado/a con la comunidad de propietarios?

Escuchar es “invertir” en el banco emocional de otros, ser probablemente mucho más considerado por otros cuando seas tú el que expresas. (Todos nos aburrimos y tendemos a evitar al que se empeña en contarnos su vida e impresionarnos en los primeros 10 minutos de una conversación. Mucho más efectivo estarse calladito y que sea el interlocutor quien vaya descubriéndote a su propio ritmo, con sus propias preguntas). Cuando se crea el hábito de escuchar bien, creo que es el “arma” más poderosa que yo conozco para ser considerado, respetado y ser admitido en el corazón de alguien.

Por mi parte, me siento más valido y feliz a la hora de dormir si he aprendido algo nuevo que si convencí (o intenté convencer) a alguien de algo.

Reflexiones sobre la vejez

Mar 10
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