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La que fué mi “Biblia”

Feb 7
Publicado por santi Archivado en General, mis textos

¿Qué? ¿Estais haciendo vuestros planes para organizar mejor vuestro tiempo o no? En unos pocos días saco el último video con algún consejo o sugerencia sobre esos planes. Y por supuesto, tendré que acreditar de dónde viene todo. Que aunque haya de mi propia cosecha, todos aprendemos de algún sitio. Este sistema de organización (y algunos otros conceptos de los que hablo en mis videos remando) vienen de un libro muy específico, este:

Los 7 Habitos de la Gente Altamente Efectiva

La felicidad: ¿un regalo o un logro?

Ene 12
Publicado por santi Archivado en mis textos

La foto que acabo de publicar bajo esto que escribo, me ha traido a la memoria claramente la principal razón por la que hace ya 15 años decidí dejar la gran ciudad para vivir en contacto con la naturaleza (decidimos, que si mi compañera sentimental no hubiese sentido de parecida manera, tal vez en la ciudad seguiríamos). Lo comparto con vosotros porque tras esa razón hay una observación interesante que tal vez pueda servir de algo a alguien;-)

Yo llevaba ya unos 17 años viviendo en Madrid, siempre en el centro. No estaba tan cuidado como pueda estarlo ahora y aquello era un continuo caos de humos, ruidos, tráfico, bocinazos y cacas de perro por todas partes. Un laberinto de calles estrechas en las que más del 80% del tráfico era gente buscando un sitio donde aparcar y el mismo ayuntamiento vendía permisos para aparcar a los residentes, más permisos que espacio de aparcamiento existía en los bordillos. Aún puedo verme a mi mismo con tal nivel de exasperación por tener que dar constantes rodeos entre coches mal aparcados para cruzar una calzada de cuatro metros, que en alguna ocasión, simplemente caminé por encima de los capós de los coches. (Si tu coche apareció hace ya 20 años con un bollo en el capó tras haber aparcado en un paso de cebra, lo siento, puede que fuese yo).

Los cinco últimos años en Madrid, ya estando con mi compañera, salíamos a menudo al campo los fines de semana. No me alargo con las placenteras sensaciones que no son familiares a todos. Los regresos a la ciudad, ralentizados por las horas en caravana para volver a entrar en ella, eran cada vez más dolorosos. Cuanto más dolor, más escapadas. En una de estas salidas, mi cabeza hizo “click” (creo recordar que estando simplemente al sol en calzoncillos y reflexionando sobre por qué me sentía tan bien) y vino a razonar más o menos lo siguiente.

¿Qué es lo que me aporta a mi la ciudad? Oportunidades de trabajo (era actor, el trabajo tan pronto lo tenía como tan pronto no), progresar en mi carrera, diversion variada y cultural, relacionarme con gente… y para de contar. No recuerdo otros argumentos para justificar mi presencia en la ciudad. Revisé mis razones. Familia y amigos está bien verlos y sentirlos cerca, pero a un amigo o a un familiar no se le quiere o siente más o menos por el número de veces que se le ve o por la distancia. Trabajo, pues ya estaba un poco hasta el gorro de ir llamando de puerta en puerta a productoras de cine o TV para probarle a otros mis talentos. Más importante, yo hacia lo que hacía principalmente por la gratificación creadora. La competición brutal y el constante “que mal está todo” (¿suena familiar?) que era el mantra popular los sentía como una garra que me arrastraba hacia el barro. La belleza de crear estaba castrada, y el simple poder para hacerlo lo tenía muy cuestionado: ¿qué bueno podía salir de tanto lamento?. La diversión, me disculpen ustedes que lo diga, para ya había tenido todo el “sexo, drogas y rock and roll” suficiente para cubrir varias vidas. La “cultura” ya cómo que tambien me salía por las orejas. Mi carrera, mis sueños de fama y éxito, ya veía que tampoco, que había invertido más de una decada de mi vida en el camino erroneo para triunfar: no había parado de estudiar y superar retos desde que llegué a Madrid y conseguir ser uno de los más jovenes que nunca lograsen entrar en la RESAD (que con ese nombre un tanto petulante me cuesta escribirlo: Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid). Y no me quedé en graduarme ahí, seguí estudiando en los mejores lugares y aprendiendo todo tipo de disciplinas relacionadas con un escenario, incluido el escenario más real, el de la calle. Lo que no aprendí, lo importante, lo fuí a aprender sólo unos años más tarde en Africa: “Se consigue más trabajando con otros y a traves de otros que avanzando sólo”. Seguro que fué mi orgullo lo que me impidió verlo antes. El caso es que tuve mis oportunidades para asentarme entre una “familia artistica” u otra, pero me inquietud siempre buscaba mas lejos. Resumiendo, que el trabajo y mi carrera en sí, tampoco eran ya motivos para permanecer en la gran ciudad. Me había quedado sin motivos para ello.

Lo interesante es que cuando reflexionaba sobre esto tomando el sol en calzoncillos, me di cuenta de que la sensación de felicidad de todo aquello bueno que podía encontrar en la ciudad, estaba relacionado con la mente, con la cabeza, con lo que pasaba o dejaba de pasar por mis neuronas. No había motivos para sentirme feliz “del cuello para abajo”. Incluso sólo en la cabeza, ¿cuántos sentidos tenemos?; y todos ellos eran atacados de una manera u otra por lo que a mi me parecía una ciudad en plena histeria.

¿Por qué me sentía bien ahora sin hacer nada más que tomar el sol? ¿Cómo era posible sentirse uno tan bien sin hacer un esfuerzo para conseguirlo? La respuesta podeis intuirla. Al igual que mi constante esfuerzo por mejorar y perfeccionarme como profesional me había impedido ver que era más fácil y conveniente para mi carrera el arrimarme al amigo adecuado y dejarme llevar, mi mente igualmente se había engañado creyendo que la felicidad era todo una cuestión de esfuerzo personal, de superación, de llegar más lejos.

No es así, la felicidad es una cuestión de saber estar, de aceptar, de recibir… el sol me lo estaba contando. Todo aquello que en la ciudad implicaba esfuerzo, la naturaleza lo regalaba. O dicho de otro modo: si le quitaba a la ciudad “el sexo, la droga y el rock and roll” (algo que por otro lado puedes llevar contigo a cualquier parte) no me quedaba más que la constante y extenuante lucha por ganarme la vida y contentarme a mi mismo, yo contra el mundo. Mientras que en el campo, sin luchar, sin esfuerzo, no tenía mas que mantener mis oidos abiertos para dejar que el canto de los pájaros me entretuviese, mantener mi olfato relajado para embriagarse de los olores de la tierra… las buenas sensaciones contribuyendo a mi bienestar y acercándome a una felicidad más completa entraban a borbotones por cada poro de mi piel. Una felicidad “de cuerpo entero”, casi regalada, no solo una felicidad “de mi cabeza” que cuando en la ciudad la alcanzaba, llegaba a ella tan extenuado y ansioso que rara vez era capaz de apreciarla.

Recuerdo como mi mujer y yo comenzamos a soñar juntos en “La Casa de la Pradera”. Una casita de madera en algún lugar verde donde nunca hiciese mucho frio. Un perro, unas gallinas, un huerto… justo lo que ahora tenemos. Allá cada uno con sus prioridades, en nuestro caso, cambiar la ciudad por el campo ha sido providencial. Para mi, cambiar el Madrid de los 80s (aunque emigré en el 94), la onda de Malasaña y Lavapiés, por la onda de los canguros (vivo en la Australia rural) ha sido la mejor decisión de mi vida. Y por eso la foto bajo estas palabras. Cada día percibo mil guiños y sonrisas. Ahora puedo verlas;-)

Conocimiento y comportamiento

Dic 21
Publicado por santi Archivado en mis textos

Si nos comportásemos de acuerdo a lo que conocemos podríamos ser casi perfectos. Desafortunadamente, no es así

Nuestro comportamiento no es, mayormente, algo que derive de nuestra razón y nos sea fácil controlar. La mayor parte de lo que somos y de cómo nos relacionamos con los demás nos viene marcado por nuestros genes y la educación recibida en nuestra infancia.

Yo vengo abogando por hacer uso de nuestro raciocinio y nuestra capacidad de reflexión y análisis para construir nuestra personalidad, porque sea nuestra libertad de elección la que riga nuestra existencia. Sin embargo, ese no va a ser el caso para quien no tenga paciencia y determinación en el proceso. Porque lo cierto es que, descontando algún golpe de suerte muy esporádico, ningún cambio positivo ocurre repentinamente o de un día para otro. Sólo lo malo ocurre rápido. Todo aquello que consideramos como bueno en nuestras vidas es el resultado de nuestra perseverancia y es construido y cimentado con el paso del tiempo. Los buenos hábitos requieren tiempo y constancia para ser adquiridos, los malos, no tanto. En contradicción, un buen hábito puede destruirse rápido, uno malo, no.

Descubrir una actividad cuya práctica puede hacernos mejores individuos no es difícil. Entusiasmarnos con ella y exhibir buena voluntad para llevarla a cabo es encomiable. Sin embargo, nada de esto viene a valernos de mucho si carecemos de la determinación y perseverancia para ejecutar esa actividad de una manera rutinaria hasta convertirla en hábito. Y eso lleva tiempo. Nada bueno ocurre con rapidez, a no ser que te creas lo que la publicidad se empeña en machacarte.

vivir mejor: gratitud

Dic 7
Publicado por santi Archivado en mis textos

para vivir mejor y ser feliz uno ha de fomentar sus virtudes. Vivir, se puede vivir mejor y bien en casi cualquier sitio si uno es consciente de las virtudes he intenta practicarlas. De tantas virtudes como el ser humano posee, para mí, una de las más importantes es la gratitud. Expresar gratitud no es difícil. En la mayoría de las ocasiones basta una palabra o un gesto para hacer llegar a alguien nuestra agradecimiento por algo. No sólo es fácil de practicar, sino que al final de nuestras vidas, yo pienso que será la gratitud (el expresar agradecimiento por lo vivido, por llegar hasta ese momento), lo que puede constituir nuestra mejor ayuda para afrontar la muerte con valentía y en paz.

Gratitud es, sin embargo, algo difícil de encontrar. Agradecer y mostrarse agradecido es una rutina a implementar, una educación consciente de “buenas maneras”. Sin ese pequeño esfuerzo por nuestra parte, la mayoría de las personas simplemente ignoramos el agradecimiento. Tendemos a creer que lo que recibimos nos llega por meritos propios y a olvidar fácilmente que detras de eso que recibimos, muchas veces, hay el esfuerzo de otro. Triste es el caso de un abogado criminalista en USA que ha salvado del corredor de la muerte a más de 80 presos. Ninguno de ellos le ha escrito una nota de agradecimiento por salvarle la vida.

Si quieres vivir mejor, si quieres ser feliz, no olvides tu agradecimiento. Mostrarse agradecido fortalecerá tu espíritu. Agradecer lo que recibes, aquello bueno que te rodea, te facilitará el apreciarlo. Y toda apreciación positiva cuenta para poder sentirse feliz. Gracias;-)

Hola, latinos

Nov 26
Publicado por santi Archivado en mis textos

Este blog es para ayudarte a vivir tu vida al máximo de tus posibilidades. Hoy se inagura pero aún queda un largo camino por recorrer hasta poder ofrecerte este blog en toda su capacidad. Mi amigo Alvaro y yo trabajamos duro para ir resolviendo todos los problemas técnicos que nos encontramos por el camino y poder desarrollarlo de una manera que te sirva mejor. Gracias por tu paciencia.

De momento, y caso de que no puedas escribir un comentario aquí, comentarios sobre los videos, propuestas, anécdotas que quieras compartir, temas que quieras sugerir… habrás de escribirlos bajo los videos en YouTube; o, si deseas privacidad, escribirme un mensaje personal a santi@marginal.tv