Búsqueda personalizada

La sociedad de conveniencia es la sociedad enferma

Jul 18
Publicado por santi Archivado en mis textos

La_sociedad_esta_enferma

Parece que está de moda el ser víctima de algo o alguien; parece que quien no se aprovecha de serlo como que es tonto por perderse algo.

Lo de culpar a otros de nuestros males no es nuevo. Lo de no querer aceptar responsabilidad por nuestras acciones, tampoco. Ni siquiera lo es el que en la mayoría de las ocasiones, aún estando claras las acciones y comportamientos que deberíamos tomar para sentirnos felices, no lo hagamos por simple miedo y ansiedad. La novedad está en esta avalancha de nombres sobre nuevas enfermedades mentales, formas de abuso y discriminación, leyes, litigaciones, maneras de compensar victimas… Y en eso estamos, es que como no seas “victima” de algo, te quedas fuera, el día que repartan el pastel, te quedas sin trozo. (Sigue)
Leer el resto de la entrada »

Para llegar… no esperes demasiado

Jul 16
Publicado por santi Archivado en mis textos

campeones

Esperar en el sentido de crear expectaciones. No, no se trata de ser conformista, de no soñar, de no aspirar a grandes logros, de no entusiarmarse con un proyecto, de perder la ilusión… se trata simplemente de ser realistas, de entender que en muchas ocasiones no hay mayor enemigo para nuestra propia felicidad que nosotros mismos: la expectación desmesurada que nos autoimponemos, la que pregonamos a otros a los cuatro vientos, la que casi nunca satisfacemos creándonos una permanente sensación de fracaso, la que socava nuestra autoestima.

Leer el resto de la entrada »

Tu talento

Jun 24
Publicado por santi Archivado en mis textos

Que lo tienes, no lo dudes. Tan imperceptible tal vez como el aire que respiras, pero tan cierto. Esta entrada no es más que continuar la reflexión de la entrada previa (justo bajo esta). Que parece que si escribo mucho como que todo se entiende menos, o parece menos del gusto del lector. Pero si justo antes quería inculcarte tu responsabilidad con la vida y contigo mismo de participar, apostar, y “pringarte” con aquello que te rodea para encontrarte a ti mismo, encontrar sentido a lo que haces, y últimamente encontrar tu felicidad (y me quedo a gusto echándote la bronca si no lo haces y “pasas”); en esta continuación quiero inculcarte la confianza de que “tú puedes”. Estás diseñado, construido, creado, equipado para ello. Tú tienes talento. Tú tienes capacidades. No lo dudes.

Puede que no esté a la vista. Puede que lo mejor de nosotros mismos no se encuentre sin tiempo y esfuerzo. Puede que haya que pasar por momentos de fragilidad y confusión. Pero el que busca, encuentra; el que persigue, logra. Mira un bebé. No tiene ni idea de lo que se le avecina. Puede que en cuanto se quede a solas se confunda y llore. Pero todo en él está diseñado para que siga avanzando, moviéndose, creciendo. El tiempo igual aumenta su comprehension linguística como su capacidad pulmonar. El no lo sabe, nosotros sí. En lo espiritual, en lo intangible, muchas veces somos como bebes, nosotros no sabemos de nuestros talentos, tal vez otro ser sí. Pero estar, están; crecer, crecen. No lo dudes.

Aquí en Australia, desde donde te escribo, hay ciertas tribus que le dan mucha importancia al nombre de un individuo. El nombre de una persona se convierte en algo tan único que cuando el individuo muere, su nombre no puede volver a ser usado durante generaciones. Ni siquiera mencionado; como una manera de respetar la esencia de esa persona. Y es que ese nombre representa el talento único del fallecido. El nombre que esa persona escogió en vida.

Cuando un niño aborigen de estas tribus nace se le da un nombre, no recuerdo ahora exactamente quien es el encargado de ello, un miembro familiar en particular creo. Tampoco recuerdo bien cómo continua exactamente el proceso. Me parece que durante los años de la adolescencia tiene otro nombre dado por la comunidad. Finalmente, en algún momento de la madurez, el individuo escoge su propio nombre, el definitivo y auténtico. Ese nombre está cargado del significado que representa su talento. (“el que sabe donde hay agua”, “el que cura con las manos”, “el que camina sin cansarse”, etc…)

Todos tenemos talentos, todos valemos para algo. El reconocer el mejor de nuestros talentos (o simplemente uno de ellos) como nuestro propio nombre no es sólo una seña de identidad, es tambien un compromiso con nosotros mismos, un destino en el que apostamos para guiarnos y para que sirva de guía al resto de la comunidad. Tal como escoger hacer una carrera o aprender un oficio y decidir a qué nos vamos a dedicar. Sólo que tratándose de nuestro talento y nuestra vida, yo prefiero lo del nombre antes que lo del título universitario o el certificado. Reconoce la implicación y conexión con uno mismo más que la dependencia de las leyes del mercado. Quizás estas leyes es lo que te nubla la vision de tu talento. Pero en cualquier caso, no lo dudes, tu talento existe, tu nombre te está esperando, sólo tienes que buscarlo primero y escogerlo despues.

¿Y tú de qué vas?

Jun 24
Publicado por santi Archivado en General, mis textos

Decía Platón que la vida sin examinarla no valía la pena vivirla. Le creo. Sin embargo pienso en tanta celebridad que puede ser que viviesen vidas tan intensas que poco tiempo tuviesen para pararse a examinar nada. Imagino por ejemplo, la madre Teresa de Calcuta (sobre cuya muerte casi ni nos enteramos por ir a morirse, creo recordar, el mismo día que la princesa Diana); tal vez pasó su vida tan atareada ayudando a otros que empleó poco tiempo en pararse a reflexionar sobre la vida. Tal vez sí, tal vez no. No tengo ni idea del tiempo que la madre Teresa o Platón pasaron reflexionando sobre la vida o sobre sí mismos, pero apuesto a que ambos tenian cierta idea sobre su identidad y su propósito en esta vida.

A lo que voy es a apuntar que si la felicidad es una cuestión de percepción, de valoración personal (que lo es), me parece difícil que uno pueda valorar lo que hace si no sabe porqué lo hace. Igualmente va a resultar difícil que uno se valore a si mismo si no sabe quien es. (Y me refiero a un conocimento profundo y sincero de uno mismo, que para la arrogancia y la autoadulación ya se sabe que uno no necesita conocerse mucho, basta con ser idiota). Estos dos conceptos tambien conectan con aquello de saber quererse y respetarse a uno mismo para tener la capacidad de amar y respetar al prójimo. Saber quienes somos y entender porqué hacemos lo que hacemos es nuestro mapa de viaje. Sin ello reaccionamos a los antojos del destino como pollo sin cabeza, vivimos el presente, de un modo que igual fuese que ocurriese ayer o mañana, sin más rumbo que el vuelo errático de una mosca. Nos quedamos en el “no sé” y “me aburro”, expresiones que debían de haber sido incluidas como pecados capitales.

¿Y por dónde se empieza? ¿Cómo comienza a conocerse uno a si mismo o el sentido de lo que hace? Igual que uno sabe si le toca el bingo, va a ganar en la quiniela o aprende las reglas de cualquier otro juego: participando, sobre la marcha, apostando… “Voy a hacer esto y voy a ver cómo me sale”. Y detrás de ello, el examen y la evaluación a la que se refería Platon. Qué es lo que conectó conmigo y qué no, que sirvió a otros y que no… Sin esa reflexíon lo bueno puede pasar desapercibido y podemos dedicarnos a repetir lo malo, nuestro siguiente paso es otra loteria que no acumula el aprendizaje del primero.

Igual que el muro de una casa se levanta sustentándose en el ladrillo previo, nuestra vida, nuestro futuro, el conocimiento de nosotros mismos y el de saber para lo que valemos, la apreciación de nuestra felicidad…, se levanta decisión tras decisión, una sobre la otra. Todo requiere que tú apuestes y te comprometas, que participes. Uno no puede quedarse a verlas venir. Al juego de la vida, o te subes ahora o te quedas fuera. ¿Cuál es tu apuesta?

Tomar decisiones

May 29
Publicado por santi Archivado en mis textos

Me parece a mi que las personas que manejan su vida de una manera más efectiva toman las decisisiones no muy trascendentes rápido y las trascendentes sin apresusarse. Mi mujer, Linda, parece ser una de estas personas. Si en mitad de su rutina de trabajo surge una tarea inesperada: una llamada por hacer, atender una visita inesperada, un favor que le pide el pesado de su marido… deja lo que está haciendo e inmediatamente hace la tarea. Diez minutos o media hora más tarde vuelve al punto donde paró y parece como que esa tarea nunca hubiese existido.

Me parece una cualidad fascinante. La de supeditar el plan que tengamos para el día por el plan que la vida nos va marcando. ¡Qué fácil es que una tarea así nos surga en cualquier momento y precisamente, por no tener mucha importancia, dejarla para más tarde! Y más tarde dejarla para un poco más tarde. Y luego seguir dejándola simplemente porque ahora ya comienza a no apetecernos hacerla. Y despues seguir sin hacerla porque ya nos molesta hacerla. Y nos molesta porque sabemos que es algo que no nos hubiese importado hacer inmediatamente pero no lo hicimos en su momento y ahora como que ya tenemos que hacerlo forzosamente… Al final, el tiempo que esa pequeña tarea permanece en nuestra mente es infinitamente mayor al que desearíamos. La conclusión parece obvia: atacar las tareas menores de inmediato, no dejar que una pequeña bola de nieve se convierta en un alud ¿Cómo era ese proverbio budista? Algo como que “no es la visión de la montaña que has de subir lo que te desgasta, te desgasta la piedra que llevas en el zapato”.

Igualmente de mi mujer he aprendido que una decisión no ha de tomarse necesariamente… hasta que ha de tomarse. Hablo ahora de decisiones más trascendentes: aceptar un trabajo, hacer un viaje, responder a una invitación… A diferencia de las decisiones “menores” que no suelen llevar “fecha de caducidad”, las “mayores” suelen tener una fecha en la que hemos de decidir o responder. En este caso solemos complicarnos la vida por lo contrario, no dejar que el tiempo y la reflexión serena vaya tomando esa decisión por nosotros sino empeñarnos en tomar la decisión ya mismo, lo antes posible (y otro día escribiré sobre el estrés). Muchas veces estas decisiones no requieren mas que un “sí” o un “no” por nuestra parte, y nadie espera esa respuesta antes de cuando es requerida. ¿Por qué machacarnos hoy con lo que no requiere contestación hasta mañana? Si además, con la vida ya se sabe, llega mañana y algo cambió que de pronto nuestra decisión ya no importa. ¡La cara que se nos queda y lo rápido que olvidamos lo que deberíamos de aprender en momentos así! Al día siguiente ya estamos muertos de preocupación por algo que no deberíamos (y en el proceso, postergando las pequeñas tareas que deberíamos estar haciendo).

Todos somos maestros

May 22
Publicado por santi Archivado en mis textos

Estaban visitándome una pareja de amigos el otro día con sus dos niños pequeños. Yo jugaba con el mayor de ellos, de cuatro años de edad. Su madre nos miraba desde la distancia y le instruía constantemente: “Dale las gracias a Santi”, “¿Qué es lo que se dice ahora?”, “Ahora no es tu turno”… Parecía un poco como si estuviese entrenando a un perrito a hacer un número de circo. En un momento yo le dije al niño: “¡Cuántas instrucciones!” A lo que la madre respondió: “De alguien tienen que aprender”.

Cuánta razón tenía y que encomiable su sistemático compromiso para educar a su hijo. La vida no es más fácil que un acto cirquense y todo el entrenamiento acumulado a temprana edad garantiza el desarrollo de un caracter idoneo para confrontarla. Ya lo vienen a decir los sociologos, que somos el resultado de lo que nos rodea. No podemos hacer simplemente lo que se nos antoje, comportarnos como queramos… somos el espejo en el que se miran los más pequeños, no sólo somos los responsables de nuestras acciones, tambien lo somos de las acciones de los hombres y mujeres del mañana. Y este video soberbio, lo muestra soberanamente bien

Todos somos maestros

(El video aparece en cuanto pincheis en ese enlace y le deis a la flechita del “play” en el video. Sé mostraros en el blog los videos que cogo de YouTube pero aún no sé mostrar directamente los videos que tengo en la librería del propio blog, lo siento. Ya sabeis que cualquier consejo para mejorar este blog es siempre bienvenido)

AVISO: Entradas nuevas en este blog todos los sábados;-)

Ansiedad

May 15
Publicado por santi Archivado en mis textos

La ansiedad es algo que puede llegar a desestabilizar nuestra vida seriamente. Quien la padece puede llegar a considerar el suicidio y hasta cometerlo. Es algo, pues, para tratar con seriedad pero sin miedos ni tapujos. Escribo sobre esto ahora porque acabo de ver un documental fantástico sobre el tema y quiero compartir lo principal de ese trabajo con vosotros.

Parece ser que la ansiedad no es algo que pueda curarse totalmente, simplemente se aprende a vivir con ella. El tiempo juega a nuestro favor, una misma persona ansiosa lo es cuatro veces más a los 20 años de edad que a los 70. Lo que tambien parece es que hay mucho tiempo y dinero perdido en torno a cómo tratarla.

La psicología no ayuda. Está bien y parece necesario el saber identificar aquellas situaciones que nos producen la ansiedad, pero el explorar el pasado para saber dónde esas situaciones se originaron parece probado que no garantiza el que ayude a superarlas. Lo que es más, el rememorar el cómo esas situaciones te hacen sentir, puede acrecentar la ansiedad en muchos individuos, no disminuirla.

La medicación tampoco parece haber ayudado mucho hasta ahora. Esta se reduce básicamente a antidepresivos y productos similares que tal vez puedan minimizar en algo los estados de ansiedad más extremos, pero los efectos secundarios y la aversión que mucha gente siente hacia estos productos complican muchas veces cada caso. Afortunadamente, las nuevas medicaciones en las que se trabaja se centran más en facilitar el aprendizaje de las facultades que necesitamos para combatir la ansiedad.

La ansiedad no es particularmente difícil de reconocer (aunque los hombres tendemos más a negarla). Basicamente se desarrolla en torno a inseguridades personales, sensaciones de rechazo, y miedo a confrontar situaciones específicas. La persona ansiosa, normalmente se castiga y degrada a si misma, por su incapacidad de confrontar estos miedos. Parece común que una persona extremadamente ansiosa sea catastrofista y perciba tragedias constantemente. No tiene que ver con la realidad ahí fuera sino con nuestra forma de percibir esa realidad. La ansiedad se origina enteramente en nuestra mente.

El tratamiento que parece ser más efectivo para combatir la ansiedad, pasa por dos pasos: reconocer el problema y confrontarlo. Cuando identificamos una situación (o las situaciones) que originan nuestra ansiedad, está bien intentar racionalizar esa situación al máximo. En estos momentos siempre ayuda rodearse de gente que tengan algo de idea sobre lo que nos pasa y sea comprensiva con nuestros miedos. No parece haber más solución para finalmente superar algo que nos da miedo que confrontar esa situacion: haciéndola, experimentándola, reduciendo gradualmente ese miedo, aprendiendo a llevarlo. Con cuidado y poco a poco, pero sin evitar esa confrontación.

Personas que han superado estados de ansiedad extrema hablan de pensamientos negativos recurrentes que dañan la confianza en si mismos. Una técnica que parece ser muy útil contra esto es el sistemáticamente ridiculizar esos propios pensamientos (Por ejemplo, si alguien tiene un pensamiento recurrente que le diga: “no merezco vivir”, el sistemáticamente, durante una semana, cada vez que le venga ese pensamiento, cantarlo en voz alta, o decírselo a uno mismo delante del espejo poniendo muecas, o dibujar monigotes diciendo esa frase…) Se trata de no hacer caso ni tomar en serio nuestra propia mente cuando ésta está destilando pensamientos negativos que no tienen fundamento alguno y no hacen más que crear una presión irracional en nosotros. La propia mente es el enemigo de la persona ansiosa.

Finalmente escribir que no hay prueba científica alguna de que hoy seamos personas más ansiosas que en el pasado. Las presiones del mundo moderno no parecen comparables a las de vivir en medio de una guerra o no tener para comer.

La familia

May 11
Publicado por santi Archivado en mis textos

Qué os voy a contar yo sobre la familia, queridos, cuando casi toda la tengo en la otra punta del planeta, cuando mi compañera y yo decidímos no tener hijos, cuando entré en un internado a los siete años de edad y ya nunca regresé al hogar mas que en periodos vacacionales… Pues algo sí voy a contar, algo.

Observo que las familias más felices son aquellas cuyos padres están más dispuestos a dejar marchar a los hijos. Los padres que entienden que los hijos no les deben nada. Que por mucho que sacrificasen su estilo de vida por ellos entienden que esa fué su obligación como padres: la de criar a los hijos ofreciéndole lo mejor. El mismo instante que un padre o una madre comienza a expresar quejas sobre ese “sacrificio” por los hijos, los hijos comienzan a incubar un sentimiento de obligación hacia los padres del que surgirán casi todos los problemas por venir. Una cosa es el amor y el sentimiento de gratitud que un hijo acrecienta de manera natural hacia sus padres segun madura, y otra muy distinta, el sentimiento de deuda y de tener que colmar las expectaciones de los padres que el hijo experiencia cuando es confrontado con lo que se está haciendo “por él”.

Hay padres que simplemente no quieren dejar ir a sus hijos. Eso ya puede castrar el desarrollo natural de la persona desde temprana edad. En la adolescencia y la madurez puede reflejarse en todo tipo de discusiones sobre rutinas y horarios. Los hijos quieren tirar hacia adelante y los padres, muchas veces, quieren tirar hacia atrás, hacia como la familia era antes. Es fácil llegar a una situación en la que cambiar parece ser algo que atente contra la familia. Una situación en la que tanto padres como hijos desempeñen su papel bien definido, en el que la dependencia de los unos por los otros se acreciente, en el que las discusiones sobre los mismos temas se repitan hasta el punto de reconocer que nunca se van a solucionar, pero aún así no estar dispuestos a hacer nada por cambiar. Hay familias que sólo conocerán la felicidad imaginada de que un día fueron felices.

Creo que el consejo más útil que yo leí por algún lado para una discusión de familia es intentar discutir sobre el incidente en cuestión. NUNCA sacar a relucir el pasado y mezclarlo en la discusión. (Os lo aseguro, no es fácil, pero es posible. Un aire fresco que pudiese salvar a más de uno de morir de ansiedad)

Criticar

Abr 19
Publicado por santi Archivado en mis textos

Criticar a un amigo, una hija, el esposo o la novia, debe de ser una de las cosas más inútiles y dañinas de nuestra existencia. Curiosamente, nos pasamos la vida haciéndolo.

¿Que pretendemos con nuestra crítica? Cambiar el comportamiento o la actitud de alguien. Si alguno de quienes leais esto sabeis de un solo caso en el que se haya coseguido cambiar el comportamiento de alguien a base de criticarle, por favor, compartirlo aquí en un comentario. Yo estaría muy interesado en leer sobre ello.

Personalmente, cuando alguien me critica, he de pararme bien en seco y darme tiempo, bastante tiempo, antes de decidir qué es lo que voy a hacer al respecto. Porque incosncientemente, de una manera “natural”, lo único que me sale es defenderme. Si alguna critica alguna vez me cambió en algo, lo hizo mucho más tarde, cuando ya estuvo tan procesada por mi mismo que olvidé que aquello fué una vez una crítica y surge como algo enteramente propio.

Mi madre finalmente hace crucigamas, lo que la sugerí durante años para combatir la demencia senil. Tal como cuando la sugerí desahecerse de la bañera y poner en su lugar una ducha con agarradero para prevenir un accidente, u otra infinidad de detalles, durante años, para ella no eran más que ideas ridículas que rechazaba de plano hasta que yo desistía de ellas. Un tiempo más tarde, incorporaba esos cambios a su existencia. Si hoy la digo que eso ya se lo había dicho yo, me discute que es 100% su propia idea, que la ha tenido en la cabeza durante años (probabemente los mismo años que discutió conmigo rechazándolas).

El caso es que detrás de una critica hay una lógica. Y la lógica es diferente para cada uno. Si un marido y su mujer discuten una noche por quien va a tener que bañar al crio, cada uno de ellos probable que tenga una lógica aplastante. El marido podrá decir que tirarse todo el día trabajando para llegar a una casa que está constantemente patas arriba y en la que no se puede respirar un minuto de paz es demasiado por aguantar. La mujer le puede responder que ella ni tuvo el tiempo para mirar la casa, que entre llevar y recoger los niños, visitar la suegra, hacer la compra y atender la reunión de padres, ha estado en la casa tanto como él. Aparte, los que están “haciendo la guerra” se llaman “sus hijos”.

Probablemente, los dos están cansados. Cada uno siente su cansancio, pero no el del otro. Cada uno encuentra lógica en su crítica hacia al otro, razones para que sea el otro el que actue, el que cambie, pero por supuesto, ninguno lo hace. Las críticas solo nos traen frustración y mala leche. Incluso cuando una crítica se entiende y acepta, rarísima vez nos cambia. Somos animales de hábitos, y hasta los hábitos que bien sabemos nos llevan sólo a nefastas consecuencias, continuamos repitiéndolos.

Una relación de cualquier tipo, tal como nuestro propio comportamiento, no tiene nada que ver con la lógica. Tiene que ver con instinto, impulsos, emociones, estereotipos preconcebidos… Y es en esos areas donde hemos de buscar las soluciones a nuestros problemas de comunicación con otros y el cómo sentimos respecto al interlocutor. En el caso del marido y la mujer que discuten, lo hacen por que en ambos hay una necesidad emocional insatisfecha. Hay que reconocer cual y hay que intentar satisfacerla de una manera que no sea ofensiva para el otro.

Si nuestra pareja pudiese parar su discusión “racional”, escapar de su propia lógica, parar la crítica, y simplemente se diesen la oportunidad de reflexionar sobre lo que realmente necesitan, hablarlo y escucharlo, probablemente se sorprenderían descubriendo lo cerca que las necesidades de uno están de las del otro (amor: sentirse importante y esencial en la vida del otro, atención, respeto, escucha…; ser tratado con consideración, tolerancia, mimo…).

La respuesta está en cultivar todo lo que uno desea para si mismo en uno mismo, la respuesta está en ser capaces de dar precisamente eso que se anhela. ¿Tienes un problema en la familia, con la pareja, en el trabajo…? Responde con tu trato, busca la solución con tu comportamiento, muestra la sensibilidad con la que te gustaría ser tratado, da para recibir, deja que las emociones positivas que emanes resuelvan aquello que tus palabras y tu crítica no pueden;-)

hablar y escuchar

Mar 24
Publicado por santi Archivado en mis textos

La mayoría de los humanos adultos no tenemos problemas serios para expresarnos. A muchos nos gusta hablar y lo hacemos con confianza. De hecho, nos gusta tanto hablar que pocos son buenos a escuchar. Cuando escuchar, yo pienso, nos lleva mucho más lejos, nos crea mejor oportunidades para nosotros mismos.

Instantaneamente, alguien que sabe escucharnos es más apreciado que quien nos habla. No importa lo que el hablante nos diga, el momento que abre la boca, ya nos vienen juicios de valor sobre él, no siempre positivos. Mientras que escuchar es ya por si, en principio, percibido como reducir nuestro status al del interlocutor. Dar nuestro tiempo y nuestra atención a la vida de otro, hacerle sentir que es importate para nosotros (o por lo menos lo suficiente para escucharle). Todo el mundo aprecia alguien a quien poderle contar lo que se nos antoje y que este ahí… escuchando.

Recuerdo haber leido hace ya años algo muy interesante sobre escuchar. Venía a clasificar la escucha en distintos niveles. Comenzaba diciendo que la mayoría de nosotros simplemente no sabíamos escuchar bien. Que en una conversación, si no estamos hablando, nuestra mente está, la mayor parte del tiempo, pensando y construyendo lo siguiente que va a decir. Recuerdo haberlo chequeado en mi mismo y comprobar que, en mi caso, así era.

Tambien recuerdo practicar a raiz de lo que leí, el nivel básico de escucha que el autor sugería. Que no era más que prestar atención a lo que el hablante decía y, en ocasiones, devolverle la misma información cambiando el orden de sus palabras. Si, por ejemplo, él o ella te dice: “¡Que me encontré con el presidente de la comunidad en la escalera y me dijo que aún tengo que pagar más de luz!”, pues tu respuesta puede ser: “¿Que has de pagar más luz te ha dicho el presidente?”. Probablemente basta un “¿más luz?” para que quien habla se lance a contarte toda la película. Una llave tan sencilla y un efecto tan poderoso. Así es, basta con devolver pedacitos de su propia información a quien habla para que la persona siga y siga hablando, no ya dándote su confianza, mejor, ganándote tú la suya.

El nivel de escucha superior en el escalafón era la escucha empática. Ninguna fórmula rara en la que hay que estar educado para lograrla, hay gente que tiene ese don de una manera natural. Gente que escucha con empatía por el que habla, que posee compasión y sabe ver las emociones que el hablante experimenta tras sus palabras: El (o la) que pregunta: ¿te sientes frustrado/a con la comunidad de propietarios?

Escuchar es “invertir” en el banco emocional de otros, ser probablemente mucho más considerado por otros cuando seas tú el que expresas. (Todos nos aburrimos y tendemos a evitar al que se empeña en contarnos su vida e impresionarnos en los primeros 10 minutos de una conversación. Mucho más efectivo estarse calladito y que sea el interlocutor quien vaya descubriéndote a su propio ritmo, con sus propias preguntas). Cuando se crea el hábito de escuchar bien, creo que es el “arma” más poderosa que yo conozco para ser considerado, respetado y ser admitido en el corazón de alguien.

Por mi parte, me siento más valido y feliz a la hora de dormir si he aprendido algo nuevo que si convencí (o intenté convencer) a alguien de algo.