campeones

Esperar en el sentido de crear expectaciones. No, no se trata de ser conformista, de no soñar, de no aspirar a grandes logros, de no entusiarmarse con un proyecto, de perder la ilusión… se trata simplemente de ser realistas, de entender que en muchas ocasiones no hay mayor enemigo para nuestra propia felicidad que nosotros mismos: la expectación desmesurada que nos autoimponemos, la que pregonamos a otros a los cuatro vientos, la que casi nunca satisfacemos creándonos una permanente sensación de fracaso, la que socava nuestra autoestima.

Nos ocurre en cada area de la vida. ¿Alguien sabe de algún caso en el que una obra o reforma no se haya alargado más allá de lo esperado?. No tenemos trabajo y vamos a la oficina de empleo pensando que saldremos de allí con un trabajo. Estamos enfermos y acudimos al médico o al hospital creyendo que nos sanaran… Pues puede que sí, pero en muchas ocasiones resulta que no.

En mi caso, lo tengo comprobado, he de tener mucho cuidado con aquellos proyectos artísticos que planeo. Parece que cuanto más los planeo menos probable que se lleven a cabo. La expectación siempre parece meterse en medio a liarla. Me consta que con proyectos artisticos a mucha gente le ocurre igual. Hay quien incluso prefiere ni mencionar el proyecto en cuestión, “no sea que no salga”. Los anglosajones tienen un dicho para esto que lo expresa divinamente. Viene a decir algo así como: “No vayas muy por delante de ti mismo no sea que tropieces con tu propio cadaver”.

Con lo lanzados y “viva la vida” que podemos ser los latinos hay que tener cuidado con no lanzar las campanas al vuelo rapidamente. Una cosa es ser soñador y otra ir directos de cabeza a estrellarse. En general, no esperes más que el sudor de tu propio esfuerzo, la gratificación de una tarea bien hecha. Sé como el buen pescador aficionado que se contenta con tirar la caña, si además de eso, pica un pez, pues eso ya es una recompensa extra. Ataca las tareas de una en una. Cuenta las horas del día; las que quedan despues de las que usas en dormir, comer, trabajar, ir de un lado a otro… ese es el tiempo real que tienes para lo que te propones, no tres veces más.

Hace un par de días me entrevistaron aquí en Australia, en la Radio Nacional Regional (me tienen en su base de datos como “experto español” simplemente porque no deben de haber encontrado a otro). Lo hacen esporádicamente. Esta vez me preguntaron cual pensaba yo que era la clave para que la selección española de futbol hubiese ganado el mundial. Mi respuesta, acertada o no, se refirió a esto mismo: a que este campeonato, a diferencia de otros previos, España había vencido su propia ansiedad, controlado la expectación sobre si misma que otras veces la había llevado a tropezar. Somos un equipo goleador, de ataque, sin embargo esta vez no nos quedamos por el camino queriendo golear, simplemente bastó la tarea bien hecha de cada partido… y un golito. Golito a golito llegamos más lejos que nunca.

Igualmente para que tú te sientas feliz cada noche puede ser suficiente una tarea clara y sencilla que fuese bien realizada durante el día. Un pequeño pasito adelante puede llenar más que muchos sin dar, o cómo dice el refranero: “más vale pájaro en mano que ciento volando”. Para nuestra autoestima, nuestro progreso, nuestra felicidad… lo mismo: más vale saborear un logro pequeñito que castigarse por muchos que probablemente nunca se realizarán