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Tu talento

Jun 24
Publicado por santi Archivado en mis textos

Que lo tienes, no lo dudes. Tan imperceptible tal vez como el aire que respiras, pero tan cierto. Esta entrada no es más que continuar la reflexión de la entrada previa (justo bajo esta). Que parece que si escribo mucho como que todo se entiende menos, o parece menos del gusto del lector. Pero si justo antes quería inculcarte tu responsabilidad con la vida y contigo mismo de participar, apostar, y “pringarte” con aquello que te rodea para encontrarte a ti mismo, encontrar sentido a lo que haces, y últimamente encontrar tu felicidad (y me quedo a gusto echándote la bronca si no lo haces y “pasas”); en esta continuación quiero inculcarte la confianza de que “tú puedes”. Estás diseñado, construido, creado, equipado para ello. Tú tienes talento. Tú tienes capacidades. No lo dudes.

Puede que no esté a la vista. Puede que lo mejor de nosotros mismos no se encuentre sin tiempo y esfuerzo. Puede que haya que pasar por momentos de fragilidad y confusión. Pero el que busca, encuentra; el que persigue, logra. Mira un bebé. No tiene ni idea de lo que se le avecina. Puede que en cuanto se quede a solas se confunda y llore. Pero todo en él está diseñado para que siga avanzando, moviéndose, creciendo. El tiempo igual aumenta su comprehension linguística como su capacidad pulmonar. El no lo sabe, nosotros sí. En lo espiritual, en lo intangible, muchas veces somos como bebes, nosotros no sabemos de nuestros talentos, tal vez otro ser sí. Pero estar, están; crecer, crecen. No lo dudes.

Aquí en Australia, desde donde te escribo, hay ciertas tribus que le dan mucha importancia al nombre de un individuo. El nombre de una persona se convierte en algo tan único que cuando el individuo muere, su nombre no puede volver a ser usado durante generaciones. Ni siquiera mencionado; como una manera de respetar la esencia de esa persona. Y es que ese nombre representa el talento único del fallecido. El nombre que esa persona escogió en vida.

Cuando un niño aborigen de estas tribus nace se le da un nombre, no recuerdo ahora exactamente quien es el encargado de ello, un miembro familiar en particular creo. Tampoco recuerdo bien cómo continua exactamente el proceso. Me parece que durante los años de la adolescencia tiene otro nombre dado por la comunidad. Finalmente, en algún momento de la madurez, el individuo escoge su propio nombre, el definitivo y auténtico. Ese nombre está cargado del significado que representa su talento. (“el que sabe donde hay agua”, “el que cura con las manos”, “el que camina sin cansarse”, etc…)

Todos tenemos talentos, todos valemos para algo. El reconocer el mejor de nuestros talentos (o simplemente uno de ellos) como nuestro propio nombre no es sólo una seña de identidad, es tambien un compromiso con nosotros mismos, un destino en el que apostamos para guiarnos y para que sirva de guía al resto de la comunidad. Tal como escoger hacer una carrera o aprender un oficio y decidir a qué nos vamos a dedicar. Sólo que tratándose de nuestro talento y nuestra vida, yo prefiero lo del nombre antes que lo del título universitario o el certificado. Reconoce la implicación y conexión con uno mismo más que la dependencia de las leyes del mercado. Quizás estas leyes es lo que te nubla la vision de tu talento. Pero en cualquier caso, no lo dudes, tu talento existe, tu nombre te está esperando, sólo tienes que buscarlo primero y escogerlo despues.

Los Doce Apóstoles

Jun 24
Publicado por santi Archivado en fotos

Los Doce Apóstoles, en Australia

los 12 apostoles

¿Y tú de qué vas?

Jun 24
Publicado por santi Archivado en General, mis textos

Decía Platón que la vida sin examinarla no valía la pena vivirla. Le creo. Sin embargo pienso en tanta celebridad que puede ser que viviesen vidas tan intensas que poco tiempo tuviesen para pararse a examinar nada. Imagino por ejemplo, la madre Teresa de Calcuta (sobre cuya muerte casi ni nos enteramos por ir a morirse, creo recordar, el mismo día que la princesa Diana); tal vez pasó su vida tan atareada ayudando a otros que empleó poco tiempo en pararse a reflexionar sobre la vida. Tal vez sí, tal vez no. No tengo ni idea del tiempo que la madre Teresa o Platón pasaron reflexionando sobre la vida o sobre sí mismos, pero apuesto a que ambos tenian cierta idea sobre su identidad y su propósito en esta vida.

A lo que voy es a apuntar que si la felicidad es una cuestión de percepción, de valoración personal (que lo es), me parece difícil que uno pueda valorar lo que hace si no sabe porqué lo hace. Igualmente va a resultar difícil que uno se valore a si mismo si no sabe quien es. (Y me refiero a un conocimento profundo y sincero de uno mismo, que para la arrogancia y la autoadulación ya se sabe que uno no necesita conocerse mucho, basta con ser idiota). Estos dos conceptos tambien conectan con aquello de saber quererse y respetarse a uno mismo para tener la capacidad de amar y respetar al prójimo. Saber quienes somos y entender porqué hacemos lo que hacemos es nuestro mapa de viaje. Sin ello reaccionamos a los antojos del destino como pollo sin cabeza, vivimos el presente, de un modo que igual fuese que ocurriese ayer o mañana, sin más rumbo que el vuelo errático de una mosca. Nos quedamos en el “no sé” y “me aburro”, expresiones que debían de haber sido incluidas como pecados capitales.

¿Y por dónde se empieza? ¿Cómo comienza a conocerse uno a si mismo o el sentido de lo que hace? Igual que uno sabe si le toca el bingo, va a ganar en la quiniela o aprende las reglas de cualquier otro juego: participando, sobre la marcha, apostando… “Voy a hacer esto y voy a ver cómo me sale”. Y detrás de ello, el examen y la evaluación a la que se refería Platon. Qué es lo que conectó conmigo y qué no, que sirvió a otros y que no… Sin esa reflexíon lo bueno puede pasar desapercibido y podemos dedicarnos a repetir lo malo, nuestro siguiente paso es otra loteria que no acumula el aprendizaje del primero.

Igual que el muro de una casa se levanta sustentándose en el ladrillo previo, nuestra vida, nuestro futuro, el conocimiento de nosotros mismos y el de saber para lo que valemos, la apreciación de nuestra felicidad…, se levanta decisión tras decisión, una sobre la otra. Todo requiere que tú apuestes y te comprometas, que participes. Uno no puede quedarse a verlas venir. Al juego de la vida, o te subes ahora o te quedas fuera. ¿Cuál es tu apuesta?